Tailandia

Sur de Tailandia ( 2 ) – Koh Ngai y Koh Tarutao

Plage de Koh Ngai

Playa de Koh Ngai

 

Y aquí está ese algo que se topó en nuestro camino!

La cuarta isla del paseo, llamada Koh Ngai o Ko Hai, no tenía cueva, ni asentamiento gitano, ni murciélagos, ni zona para bucear… pero tenía una playa larga protegida por un arrecife, tan bonita, tan tranquila, y de aguas tan claras, que tras ver que había algunos bungalows libres, a un precio razonable, decidimos bajar nuestras cosas de la barca (a pesar de que teníamos pagado el regreso a Lanta), y quedarnos allí. Por « suerte », la noche anterior habíamos tenido plaga de cucarachas y habíamos decidido cambiar de alojamiento, con lo que llevábamos las mochilas encima. El karma nos compensó la cacería de cucarachas regalándonos la oportunidad de quedarnos en una de las playas más bonitas que hemos visto jamás.

Y así, nos despedimos de nuestros compis de viaje en Lanta, y estuvimos casi tres días en total en Koh Ngai, simplemente caminando por la playa, relajándonos y con bañitos de vez en cuando. Para rizar el rizo, en esta isla se mueve brisa a la tarde, así que a la hora de dormir la sensación de calor es mucho menor. Estuvimos casi solos. Quizás 3 o 4 personas más en varios cientos de metros. Además, la isla tiene jungla justo detrás de la playa. El último día nos dimos un paseo, y descubrimos que había un resort abandonado entre palmeras cocoteras. Si lo hubiéramos sabido antes quizás habríamos ocupado un bungalow en ruinas jeje!

De ahí volvimos a tierra firme e hicimos un pequeño periplo para poder ir a Koh Tarutao ese mismo día. Pagamos un poco más caro el transporte pero creemos que valió la pena ahorrarnos una noche en tierra de nadie.

Tarutao es un parque nacional, de modo que no hay construcciones privadas en la isla. Hay algunos bungalows donde se pueden quedar los habitantes, y quizás sea la más deshabitada de todas las islas grandes de Tailandia: sólo viven los empleados del parque y pernoctan algunos turistas. Tras una primera noche acampando en la playa norte, nos fuimos a la zona más remota donde hay camino, a media isla, y nos quedamos en la bahía de Ao Sone, una playa de 3km compartida con una tienda alojando a 2 franceses, y un italiano-alemán muy simpático, que dormía en uno de los dos bungalows de Ao Sone. Soledad y retiro garantizados! La playa es enorme y es un buen relato del problema ambiental de Tailandia: Ahí no vive nadie, pero las corrientes traen la basura que la gente tira en cualquier otro lado, así que todo a lo largo de la playa, a una decena de metros de la orilla, hay una línea de 3km llena de sillas, zapatos, mecheros, botellas, latas y plásticos de todo tipo, que son una triste marca de hasta dónde llegaron un día las olas… y dan cuenta de la todavía pobre educación ambiental en general de los tailandeses (y posiblemente de más países vecinos)… esperemos que esto cambie 😦 Un punto positivo fue coincidir alli con Olczyek, un polaco que vive en su barco y que tenía que ir a Malasia a renovar su visa. Tarutao era su última parada y pasaba la noche en la bahía de Ao Sone. Un bohemio muy majete. Nos dio además un par de buenos consejos para visitar Angkor, en Camboya, porque el trabaja de vez en cuando allí como guía!

El último día en Tarutao fue posiblemente el mejor de todo el sur. Dimos un bonito paseo a una cascada entre zona de jungla, viendo algo de fauna, incluyendo dos serpientes pitón (no son peligrosas, salvo las muy grandes, pero incluso esas huyen de las personas en primera instancia). Yo obviamente me bañé en la poza, llena de estos peces que se usan en otros sitios para el « fish spa ». Después, ya de vuelta en Ao Sone, conocimos a Andrea, un italiano que había acampado durante 40 días en la cascada y también estaba en una de sus últimas noches en Tarutao! El tipo es un experto en supervivencia y al parecer había encontrado comida en la jungla durante buena parte de este tiempo! Preparamos la cena juntos, colándonos con permiso en la cocina del guarda del parque, y aprendimos a cocinar pad thai, con las indicaciones de la mujer del guarda, que se reía de ver a dos farang quitándole el trabajo. Tras una buena cena y una buena conversación, hicimos un fuego y nos metimos al agua a observar un fenómeno único de estas latitudes: el brillo del fitopláncton. Básicamente, cualquier movimiento en la superficie del agua hace que el plancton genere una luz verde durante un lapso breve, como la chispa de un mechero. Así que imagináos bañarse en la noche, a la luz de un fuego, y viendo cómo las olas, al romper, generan miles de puntos verdes que brillan en la oscuridad. Tras esto, nos fuimos a la tienda… y tachán! A la una de la mañana, y tras cuatro meses y medio sin lluvia en Tarutao, nos cayó tal diluvio que tuvimos que salir corriendo a la caseta del guardia y dejar la tienda. Por suerte, había dejado fuera la llave del bungalow, así que pudimos colarnos, secarnos y dormir tranquilamente en una cama seca con mosquitera…

Al día siguiente, el simpático guarda, Sangrit, se ofreció a acercarnos a la siguiente bahía al norte en su moto. Allí, esperando el camión/taxi conocimos a Eric, un francés ya envejecido, que resultó encantador desde el primer momento, con una visión de la vida muy interesante. No todo el mundo está dispuesto a alternar el limpiar baños en Ginebra unos meses para irse unos meses cada año a pasearse por Asia, y él lo hace con toda la felicidad del mundo. Tras taxis-camión, taxis-barcos y más transporte, llegamos de vuelta a Trang para pillar un bus a Bangkok!

Volvimos un poco apenados de ver cómo se está orientando el turismo de muchas zonas del sur de Tailandia, pero alegres de poder haber encontrado buenos rincones, conocido buena gente, disfrutado buenos momentos, y haber sido parte de unos paisajes dignos de película.

 

Koh Ngai

 

Nous ne sommes jamais rentrés… car… on a vu quelque chose en route!

La quatrième île de notre excursion fût l’île de Koh Ngai (ou Koh Hai) où il n’y avait pas grand chose à faire… mis à part s’assoir sur la plage et regarder son eau cristalline scintiller sous le soleil 🙂 La plage est protégée par un recife de corail qui fait que l’eau ne bouge pas et reste parfaitement transparente… Après avoir constaté qu’il y avait quelques bungalows libres le long de la plage pour un prix acceptable, on a descendu nos sacs du bateau et dit au revoir à nos compagnons de route! « Par chance », nous avions reçu une attaque de cafards de grande ampleur la veille et au petit matin, on avait décidé de ne pas rester une nuit de plus dans cet endroit! Nous avions donc toutes nos affaires avec nous dans le bateau et il ne restait plus qu’à les décharger 🙂 Une invasion de cafards nous a valu de rester dormir sur une des plus belles îles qu’on n’ait jamais vu 🙂

Nous sommes donc restés près de 3 jours et 2 nuits à Koh Ngai, à marcher le long de le plage en nous rafraichissant de temps en temps 🙂 Et le soir la brise qui y souffle y fait la chaleur beaucoup plus supportable, et on était presque seuls…

Plus à l’intérieur dans l’île, il y a une épaisse jungle, et si vous la traversez, vous découvrez un ancien resort abandonné au milieu d’une ancienne plantation de cocotiers. Si on avait su, on serait venus plus tôt y squatter un bungalow!

De là, on est rentrés sur la terre ferme, pour faire un bout de trajet sur route avant de nous embarquer pour Koh Tarutao le jour-même (chose peu simple 😉 ) Il faut négocier et savoir se faire avoir… mais ça valait le coup!
Tarutao est un parc national protégé, on n’y trouve ainsi aucune construction « privée » sur l’île. Il y a quelques bungalows pour les quelques habitants et quelques touristes qui y passent et c’est l’île la moins habitée des « grandes » îles du sud de la Thaïlande.

Nous avons choisi de camper pour notre première nuit sur le nord de l’île, puis comme on ne se sentait encore pas assez seuls face à la mer, nous avons poussé plus au sud, vers la plage de Ao Sone, dans un super taxi-camion :). Ao Sone est une plage de 3 km, que nous avons partagé avec deux français qui y avaient planté leur tente, et un alemano-italien qui dormait dans le bungalow voisin du nôtre. Solitude et calme garantis! Malheureusement, cette plage qui pourrait être paradisiaque et normalement propre étant donné le peu de visiteurs, il n’en est rien! Les courants marins y apportent les déchets des îles environnantes et tout ce qui traîne dans l’eau.. ainsi à quelques mètres de la mer, on trouve une ligne de déchets en tout genre, chaussures, chaises, briquets, bouteilles, boîtes de conserve, plastiques colorés… de quoi faire de belles chasses aux trésors… malheureusement! Peut-être les choses changeront-elles un jour…

Le dernier jour dans le sud fut d’après Victor le meilleur… il y avait un peu trop d’animaux peu attrayants à mon goût! Nous sommes allés jusqu’à une cascade perdue dans la jungle, en observant au passage les nombreux lézards, singes, insectes, et surtout pythons (dormant à une trop courte distance de notre bungalow!!) Il paraît que seuls les très grands sont dangereux… mais qu’est-ce qu’un grand python si celui qu’on voit est déjà très gros enroulé sur lui-même?! Victor s’est bien sûr baigné dans la cascade (moi j’étais calmée) ravi d’être dans un « spa fish » naturel, avec tous ces petits poissons qui lui mangeaient la peau.

De retour à Ao Sone, nous avons fait la connaissance d’ Andrea, un italien qui avait campé près de 40 jours au pied de la cascade, et était sur le point de quitter l’île. Le gars est expert en technique de survie et il a réussi a déniché de quoi se nourrir dans la jungle… il était en revanche très déçu de ne pas avoir vu de cobra royal, très présent dans la région…passons!

Lui et Victor ont appris ce soir-là à cuisiner le fameux pad thai(pâtes sautées) avec la femme du gardien, morte de rire de voir ces deux farangs se démener avec le wok. Puis nous avons enchaîné avec un grand feu sur la plage et avons découvert en nous baignant un phénomène unique en son genre: les phytoplanctons luminescents! (Je vous laisse regarder les images sur internet) En gros il s’agit d’un plancton qui génère de la lumière de manière très rapide à chaque mouvement de l’eau. Alors imaginez-vous, vous baigner au clair de lune, à la lumière du feu de bois, au milieu de millier de petits points verts lumineux qui s’illuminent à chaque vague… en vous souvenant aussi des pythons qui viennent bien sûr se rafraîchir aussi à la nuit tombée…!! Puis nous avons décidé de passer la nuit sous la tente… quand soudain, à 1 heure du matin, après plus de 4 mois sans une goutte d’eau sur l’île… l’orage éclata!! Le déluge était tel, que nous avons quitté en courant la tente qui s’inondait pour aller nous réfugier sous le toit du petit restaurant (et moi je manquai me perdre dans la forêt…). Heureusement le gardien avait laissé traîné la clef du bungalow et nous avons pu aller y finir la nuit au sec et sous moustiquaire (des fois que ça protège des pythons) !!

Le jour d’après, le gentil gardien Sangrit nous a emmené en moto à la baie suivante où nous pouvions prendre le taxi/camion pour aller prendre le bateau. Après une panne et un moment réparation, nous sommes arrivés à bon port! Nous avons même eu le temps de petit déjeuner en compagnie d’un sacré monsieur, Eric, plutôt dans l’âge de nos parents disons 😉 qui nous a raconté ses 50 voyages en Asie, qu’il s’est payé en nettoyant les toilettes du salon de Lausanne où il gagnait bien mieux sa vie qu’en France en tant que maître nageur! Un sacré personnage! Puis après le taxi-camion, et le taxi-bateau, nous sommes arrivés à Trang pour prendre le bus de retour à Bangkok. Il était temps de partir car la pluie tombait dru!!

Voilà, nous sommes rentrés vers le nord, un peu déçus du style de tourisme qui envahit le sud du pays. Mais tout de même contents d’avoir trouvé encore quelques recoins préservés, rencontré des gens sympas et intéressants et tout de même avoir vu des paysages dignes de décor cinématographique 😉

 

Koh Tarutao

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Sur de Tailandia ( 1 ) – Koh Phi Phi y Koh Lanta

Ao Maya (Playa en Phi Phi Ley)

Ao Maya (Playa en Phi Phi Ley)

 

 

Après une semaine à Bangkok, on prend un avion pour aller directement à Krabi, et de là aller voir ces fameuses îles paradisiaques de la mer d’Andaman.

Sans s’arrêter à Krabi, notre première étape fût Koh Phi Phi (prononcé pipi) qui est en fait composé de deux îles principales entourées de plusieurs îlots. Une seule des îles est habitée, Phi Phi Don, et son village, Tonsaï, est assez infernal… Mais c’est avant tout le paysage de la région qui nous a impressionné. Et Victor ne peut s’empêcher de vous faire une explication scientifique sur ces formations karstiques qui émergent de l’eau de manière si spectaculaire… en gros cherchez sur Wikipedia 🙂

Nous sommes donc allés à Koh Phi Phi pour faire de la plongée et passer le brevet PADI pour pouvoir (soi-disant, moi je m’en sens pas) plonger partout dans le monde sans moniteur… Plonger c’est quand même assez dangereux et j’ai découvert un tas de nouvelles manières de mourir…! Mais ça ne nous a pas arrêté pour autant, les eaux de koh Phi Phi sont spectaculaires et ça vous donne l’impression de plonger dans votre vieille télé pas écran plat, quand vous regardiez Nemo ou la petite sirène 😉 Si vous trouvez des zones encore peu polluées, les eaux sont assez calmes et limpides pour avoir une parfaite visibilité. Mais si vous voulez en profiter, dépêchez-vous car à ce rythme, dans quelques années il ne restera vraiment plus grand chose à voir de la biodiversité du milieu… Nous avons fait quatre immersions sur deux jours, et on a vu des centaines de poissons multicolores, même des requins (sur le moment j’avais pas réalisé, mais c’est mieux comme ça!) et une tortue énorme!! qui nageait paisiblement entre les rayons du soleil qui transperçait l’eau… (ma préférée de tous!!) Et quand vous sortez la tête de l’eau, vous êtes entourés par des plages magnifiques surmontées de roches impressionnantes. On n’a malheureusement pas de photos sous-marines, et même s’ils louent des appareils photos pour aller sous l’eau, on était bien trop concentrés sur tout notre matériel et les exercices à faire pour prendre des photos! Le plus flippant c’est quand il faut enlever et remettre son masque à 12 mètres de profondeur ou encore quand l’instructeur ferme la bouteille d’air et on se retrouve à étouffer jusqu’à trouver le câble de secours du voisin… donc pour les images vous regarderez Ushuaia 😉

Le problème dans ce paradis (y’en a un? me direz-vous!) … c’est le tourisme de masse! (et nous qui y participons…) Et bien sûr les habitants qui font tout pour soutirer l’argent des touristes au prix de détruire tout ce qui les entoure. Après le tsunami de 2004, une grande partie des îles ont été dévastées mais ça n’a malheureusement pas impulsé un nouveau modèle de développement… Le village de Tonsaï est un amoncellement de restaurants, d’hôtels et de bars où l’acool pas cher coule à flot pour alimenter les longues nuits de ces touristes en marcel, avec le logo d’une grande marque de bière et la casquette à visière plate sur le côté qui crie « amaziiiing bro »… vous voyez le genre?! Et puis bon, on ne vous parle pas de la drogue et oh mon dieu, surtout du problème des déchets que déversent chaque jour une telle quantité de touristes peu scrupuleux… Bon, chacun fait ce qu’il veut, mais le problème c’est que sur une île, pas facile d’éviter ce genre d’énergumènes qui écoutent du BOUM BOUM à n’importe quelle heure du jour et de la nuit! Et surtout imaginez comment vous reçoivent les habitants de l’île qui veulent votre argent, mais pas non plus avoir trop à faire avec vous…! Nous voilà donc bien tristes au pays des îles paradisiaques!!

En plus à Koh Phi Phi, la haute saison correspond à la saison sèche, il n’y a donc pas beaucoup d’eau disponible. Si vous ajoutez à cela des égouts à ciel ouverts ou mieux, qui circulent dans les caniveaux de chaque côté de la rue, des déchets parsemés par-ci par-là, des poubelles entassées dans un coin, et des gens bourrés qui pissent par dessus tout ça… ça vous donne une idée de à quoi ressemblent les quelques rues qui forment le village de Tonsaï. Les odeurs y font la loi, un peu de pipi, un peu de vomi, un peu de bière (éventuellement vomie), hmmm ça vous fait un mélange explosif!

L’île n’est pas préparée pour recevoir autant de personnes à la fois. Heureusement, nous avons eu de la chance et nous avons pu trouver une charmante petite Guest House dans la rue tranquille. Mais il ne faut pas se fier aux apparences et aux prix (c’était un peu cher), nous nous sommes réveillés au milieu de la nuit à cause d’un gros cafard qui avait décidé de se promener sur moi… et le lendemain matin, Victor avait les pieds recouverts de piqûres de « punaises de lit » (bedbugs=… On a plié bagages et trouvé un autre petit bungalow qui payait pas de mine mais où on a super bien dormi, na!

Après le brevet et les révisions, moment de détente avec nos collègues de plongée, Feng et Sway de Hollande. Nous avons loué un bateau tôt le matin pour aller voir ces paysages rendus célèbres par le film « La Plage » avec Di Caprio. (on n’a jamais vu le film, mais on y était!) Là c’était vraiment paradisiaque, on vous laisse apprécier les photos.
Après Koh Phi Phi, nous avons décidé d’aller sur une île plus tranquille et nous avons fait cap sur Koh Lanta. Les paysages y sont moins impressionnants, mais il y a de belles plages et une vue sur le coucher de soleil pas mal du tout. A Koh Phi Phi, nous avons fait la connaissance de Daniel et Aurora que nous avons retrouvé à Koh Lanta. Avec eux et d’autres Espagnols en voyage de noce connus en route , nous avons loué une moto et fait le tour de l’île. Nous avons donc roulé prudemment sur notre scooter (bah oui y’a une première fois pour tout!) jusqu’à l’extrême sud où il y a un parc national sympathique mais vraiment cher pour ce que c’est. On a aussi marché jusqu’à une grotte et une cascade, mais vu la sécheresse c’était plutôt un petit ruisseau, et surtout il y avait juste devant un amoncellement de bouteilles en plastiques…

Le lendemain nous sommes partis en excursion avec la même équipe, vers « les 4 îles  » comme ils l’appellent, car c’est faire le tour de 4 îles différentes, logique 🙂 Nous avons vu une île pleine de chauve-souris, un campement de hippies dans une grotte inaccessible, on  a plongé avec nos masques et nos palmes et on a traversé une grotte en nageant pour accéder à une plage où les pirates cachaient leurs trésors dans le temps, la « grotte émeraude », entourée à 360° par des falaises, dont le seul accès est par la grotte 🙂
Nous allions donc rentrer à Lanta après une ultime visite… mais quelque chose fit que nous ne sommes jamais rentrés…

 

Tras una primera semana por Bangkok, pillamos un vuelo a Krabi, desde donde partimos a las famosas islas del mar de Andamán.

Nuestro primer destino fue Koh Phi Phi, que en realidad son dos islas más varios islotes. Sólo una de ellas está habitada, Phi Phi Don, con un pueblo bastante infernal, llamado Tonsai. Luego explicaremos por qué nos pareció infernal. Tanto Koh Phi Phi como la franja costera enfrente, cerca de Krabi, están llenas de formaciones kársticas espectaculares. Para los que no sepan lo que es el karst, que si no recuerdo mal, todos estudiamos en la EGB, hay wikipedia y también Vickypedia: Va a ser el momento Vickypedia menos técnico de cuantos recordáis, sólo diré que estas formaciones kársticas son unos pedazo pepino de roca que emergen de la nada, al estilo de los cuadros de los restaurantes chinos. Creo que con eso no necesitaréis buscarlo en Wikipedia 🙂

En Koh Phi Phi, lo más destacable que hemos hecho ha sido bucear. Nos hemos sacado además el certificado PADI, que te permite bucear sin instructor en todo el mundo (bucear es potencialmente muy peligroso… en ningún sitio te alquilarán material de buceo si no estás certificado). Los fondos marinos de Koh Phi Phi son espectaculares, muchos arrecifes de coral calman las aguas y las mantienen suficientemente quietas como para que no la arena no se levante con el oleaje, así que la visibilidad es magnífica. Y, aunque estamos seguros de que ha ido a peor (se acerca la explicación sobre el lado infernal de Koh Phi Phi), todavía hay una biodiversidad enorme. En cuatro inmersiones hemos visto todo tipo de peces de colores, tiburones e incluso una tortuga enorme! Además, el paisaje de las islas es también espectacular, con pequeñas playas y picos al lado.

Qué tiene esto de infernal, diréis. Suena como el paraíso, no? Lo infernal es que esta isla ha sido prostituída al turismo de masas. En el pueblo se amontonan restaurantes, alojamientos, bares con alcohol barato y fiestas interminables, y turistas a lo hooligan descamisados, bebiendo a todas horas, llenando todo de basura, y por qué no, drogándose hasta el fin, porque si no uno no se puede divertir. En realidad no tenemos nada especial en contra de esto, simplemente nos parece un poco estúpido y huimos de ello en este viaje. Problema. Estás en una isla, no puedes huir tan fácilmente! Música BUM BUM  a todas horas de la noche, gente hablando fuerte en la calle… y los lugareños algo hartos de este tipo de turista, pero a la vez abriéndose de patas cuando el turista saca la billetera. Mucha gente con muy mal humor, y mucha gente con buen humor pero con la que quieres guardar distancias. Mal negocio para nuestro estilo de viajar!

En Koh Phi Phi, además, la temporada alta coincide con la época más seca, así que no hay mucha agua disponible. Si a esto le sumas que el alcantarillado va por la superficie en pequeños canales nauseabundos, y que a la gente no le sabe mal tirarlo todo al suelo o mear donde sea, el resultado es un pueblo pequeño, con poco más de 5 calles, y en 4 de las cuales huele a meado, vómito, cerveza agriada (o quizás vomitada), y hay mucha gente pasada de rosca. Además de que a cada paso te asalta algún « relaciones públicas » de algún bar! A decir verdad, el verdadero problema se podría reducir a que esta isla debería poder albergar la mitad de gente que alberga, pero el dinero ha llegado antes que el desarrollo, y no es fácil resistirse. Por suerte, pudimos encontrar alojamiento en la calle tranquila. Por desgracia, en nuestro primer alojamiento, algo más caro ya que queríamos confort, a pesar de lo bonito del sitio, nos despertamos en la noche porque a Helo le recorrió el cuerpo una simpática cucaracha. A la mañana siguiente yo tenía picaduras de chinches. Nos fuimos a otro sitio más barato y más básico y resultó ser mejor en este aspecto. En Koh Phi Phi, pagar más no es garantía de nada! Bucear en Koh Phi Phi fue muy bonito. La isla es bonita. Pero no volveríamos si sigue así. Desgraciadamente no cambiaron de dirección tras la tragedia del tsunami…

El último día estuvo mejor: pillamos un barco junto con Feng y Swai, dos compañeros del curso de buceo, holandeses de origen chino (curioso, hablaban holandés entre ellos y chino con sus familias). Nos fuimos a dar la vuelta a Phi Phi Ley, la otra isla, gracias a dios deshabitada y protegida. Es un lugar mágico. Absolutamente impresionante… Fue en una de sus playas, en Ao Maya (Ao = Bahía), donde se rodó la famosa película de La Playa. No me extraña nada que eligieran este lugar. Sin palabras! A la vuelta paramos en la bahía de los monos, ya en Phi Phi Don, la isla habitada. Son animales graciosos. Y cabrones. Muy cabrones.

De ahí fuimos a Koh Lanta. Una isla mucho más tranquila aunque con paisajes mucho más modestos. Koh Lanta tiene algunas buenas playas para zambullirse o para ver el atardecer en la playa o la terraza de algún bar. Nos quedamos un par de noches allí y planeábamos una tercera, pero algo se topó en nuestro camino 🙂 En Koh Phi Phi habíamos conocido a dos españoles, Daniel y Aurora, y quedamos con ellos en Koh Lanta para alquilar una moto y darnos una vuelta por la isla. Ellos habían conocido a otra pareja, Sergio y Raquel, con lo cual fuimos una tropa de 6 en 3 motos. El paseo estuvo divertido, llegamos hasta el extremo sur, donde hay un parque nacional, para el que se paga entrada, pero que no vale mucho la pena. También fuimos a una cascada y una cueva que había justo antes. Temporada seca = poca agua en la cascada. Pero lo pasamos bien.

Tras una cenita y un rato en la playa decidimos contratar al día siguiente un circuito para « las 4 islas », que son, efectivamente cuatro islas más pequeñas, en las cercanías de Lanta. Vimos más peñascos kársticos con murciélagos colgando de todas partes, un asentamiento de gitanos del mar, buceamos con tubo y aletas en un par de sitios con buena vista, y cruzamos un acantilado por una cueva para llegar a una impresionante cueva interior, llamada la gruta esmeralda. Un lugar muy impresionante, con una mini playa en la que estás rodeado de 360 grados de acantilado, sólo se puede salir por la cueva al mar… o escalando! Ya nos disponíamos a regresar a Lanta cuando ese « ALGO » se topó en nuestro camino…. pero eso ya toca en el siguiente artículo 😉

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Bangkok

El centro de Bangkok desde Wat Arun

El centro de Bangkok desde Wat Arun

 

Tras un mes y medio en Nueva Zelanda perdidos entre ríos, montañas, selvas, lagos y playas, motivo por el cual apenas teníamos batería o internet para mantener este blog al día, volamos desde Christchurch a Bangkok, con una escala en Sidney, ciudad que pudimos escrutar desde el avión en nuestro descenso desde las alturas. Y de ahí, otro avión más para Bangkok, donde nos espera Keaw… y un calor infernal! Perdonadnos que nos saltemos Nueva Zelanda, pero no os preocupéis, tenemos anotaciones y fotos suficientes como para publicar los artículos después sin que pierdan mucha frescura. Ahora toca Asia!

Bangkok es una ciudad de extremos y contrastes. No admite muchos términos medios, o te enamora o la odias. Millones de personas se desplazan todos los días a todas horas, a todas direcciones, en mitad de un tráfico sacado de las peores pesadillas de un taxista. Puestos de comida callejera a cada esquina con sopas de ingredientes misteriosos. Olores deliciosos y pestes insoportables. Baños meticulosamente limpios y cucarachas corriendo de vez en cuando. Pantallas gigantes anunciando todo tipo de productos e impulsando el consumo (tanto el consumismo como el consumo de energía, todo sea dicho!). Tuk-tuks coloridos y kitsch, con sus conductores siempre intentando timar a los « farang » (extranjeros). Sastres que te ofrecen trajes a medida de dudosa calidad a precios irrisorios. Descuentos « sólo hoy » y « especialmente para ti ». Rascacielos, palacios reales, un río enorme y enormemente sucio, centros comerciales de tamaño mastodóntico… Y de repente te sorprendes encontrando templos budistas con sus jardines, en los que, con suerte, puedes encontrar también el silencio a escasos metros de la vorágine.

Bangkok ha sido nuestra base de operaciones en nuestro periplo por el sudeste asiático, y por tanto hemos ido y vuelto bastantes veces y pasado bastantes días por aquí. Si tuviéramos que explicar todo lo que hemos visto, vivido, buscado o experimentado necesitaríamos unas cuantas entradas de este blog. Así que os vamos a contar lo que más nos ha gustado y/o sorprendido.

Primero de todo: la acogida de la gente! En el mismo aeropuerto, Keaw, la cuñada de nuestra amiga Kretinee, nos estaba esperando y nos llevó en coche hasta el apartamento que nos prestaron para este periodo. Tras un rato de cortesía para que nos ducháramos y descansáramos, nos llevó a cenar al lado del río, el Chao Praya, a un restaurante donde tuvimos un primer contacto con la auténtica comida thai. Y vaya primer contacto! Un festín de comida deliciosa… y para colmo ni nos dejó pagar una parte! Aún tengo en la mente el sabor del curry amarillo de cangrejo…. mmmmmm! Con Keaw volvimos a quedar, nos ayudó a encontrar un lugar donde hacer ropa a medida, y otra vez nos llevó a comer a un sitio delicioso! Otras personas que nos han acogido muy amablemente son Keng (el dueño del piso donde nos quedamos), aunque no habla apenas inglés y le vemos poco, pero se le ve majete, y Yok, que vive en el mismo piso y es muy maja. Además, nos ha llevado un par de noches de fiesta, incluyendo una noche « Beatles »! Phor, el hermano de Kretinee, nos llevó un día también a ver música en vivo y nos echamos unas cerves juntos. Y Kalayanee, su tía, nos llevó otro día a enseñarnos las mejores tiendas donde comprar electrónica y ropa « outlet » y encima nos invitó a un restaurante chino ES PEC TA CU LAR, donde hemos comido el mejor « pato Pekín » de nuestras vidas. Bienvenidos a Asia, aquí la gente puede ser extremadamente acogedora!

Por nuestra cuenta, obviamente hicimos el clásico circuito turístico. Lo que cada turista haría en Bangkok si estuviera allí dos o tres días, pero también mucho más: visita al palacio real y el templo del buda esmeralda, Wat Pho (espectacular), Wat Arun (un « must see »), paseo por el barrio chino topándonos con el mercado de las flores, subir al rascacielos más alto (desde ahí pudimos observar la locura de esta ciudad y el gasto energético que debe tener: luces y aire acondicionado por TODAS PARTES!), visitar museos algo pesados con tanto mamoneo y tanta alabanza al rey y la reina, perdernos por mercados el mercado de Chatuchak, lleno de jovenes creativos e infinitamente grande, descubrir que en Bangkok cualquier calle puede convertirse en un mercado en cuestión de un par de horas, pasear en barco por los khlong (canales) de Thonburi, si bien salió un poco caro y creemos que tiene que haber alternativas mejores, visitar casas típicas thai como la de Vimanmek o la de Jim Thompson… y, a pesar de estar muy explotada, recorrernos la zona hiperturística de Khaosan Road y comernos un « pad thai » en la calle. Y hablando de comer, mención especial merece un patio de comidas que descubrimos el día de renovar el pasaporte al lado de la embajada de España en la zona de Asok, donde por apenas un euro te llenas el plato de delicias y te pones las botas! Nos gustó tanto que otro día que fuimos a Asok nos pegamos una caminata específicamente para comer allí otra vez 🙂

Momento Vickypedia: la palabra « farang », pronunciada más bien « falang », significa, para los thai y los laosianos, extranjero. Pero no llaman farang a los birmanos o los camboyanos, más bien es una generalización sobre europeos y gente de pinta europea, ya que el primer contacto continuado lo tuvieron con los franceses. Para ellos, en su manera de pronunciar, la « France » = « Farang ». Así que cada vez que oigas esa palabra cerca de ti, posiblemente hablan de ti, y SÍ, te están llamando francés!

Un día especialmente divertido fue el segundo, cuando pillamos un conductor de tuk tuk que nos llevó a comer a un sitio que le gustaba (con sopa de fideos rica y barata), a visitar el « golden mount », dar un paseo por el centro, preguntar en un centro de información turística (que resultó ser una agencia privada « con el sello del gobierno »… mucho ojo con este timo en Bangkok), y nos dejó finalmente en Khaosan Road casi al caer la noche. No sabemos qué leches era la motivación de este hombre, pero fue super simpático con nosotros, incluso nos guió un poco en el Golden Mount, nos esperó al menos unas 4 horas para todas estas actividades… y luego no nos pidió dinero! Le dimos una buena propina, 200 baht, y se quedó con una sonrisa de oreja a oreja. De hecho primero saqué 300 baht y me dijo « no, no, that is too much! », y me negociaba a la baja la propina que nos aceptaba. Pero OJO: esto es tener una flor en el culo, al 99% de conductores de Tuktuk SE LA PELÁIS, con mayúsculas, y sólo quieren vuestro dinero. De hecho ni se molestarán en ocultarlo. Incluso os pararán en tiendas de joyas o sastres para intentar venderos algo, porque se llevan comisión sólo por acercarte. Y posiblemente este tampoco era la excepción. Una teoría que tenemos es que se llevaba una buena comisión de la agencia de viajes, por si nosotros caíamos en el gancho de pillar el paquete que nos ofrecieron (con un precio claramente hinchado). Aún siendo verdad la teoría, el tipo se portó muy bien, incluso nos guió un poco por el Golden Mount, y al fin y al cabo satisfacía nuestros intereses, se llevara comisión por ello o no. Cuando se lo contamos a un par de thais, no daban crédito. Tuvimos suerte. Nosotros no hemos tenido ninguna mala experiencia porque en general hemos evitado ir con tuktuk y siempre pillamos taxis con taxímetro: más rápidos, seguros, baratos y encima con aire acondicionado. Pero si queréis pillar tuk-tuk, que al menos una vez habría que hacerlo por ser exótico y aventurado, tened en cuenta que básicamente los conductores viven muy bien de timar a los « farang », y lo más probable es que intenten engañarte con numerosas tretas. No dudéis en rebajarles el precio a un tercio o menos de lo que piden, y negáos a que os lleven a tiendas! Sed agresivos en la negociación, porque ellos no perdonan una y te la intentarán colar siempre.  No todo es malo, ahora incluso a veces me divierto tomando el pelo a conductores de tuk-tuk que quieren tomarnos el pelo a nosotros y a alguno le he sacado una sonrisa de complicidad 🙂 Pero en general son cansinos, pesados, insistentes y deshonestos hasta la médula.

Como buena base de operaciones, hemos pasado días haciendo poco más que organizar fotos, escribir entradas del blog, descansar, lavar ropa… Pero ha sido productivo también! Hemos salido algún ratito por la noche y hemos conocido a los Beatles thai! Nos ha dado por hacernos un par de trajes a medida (yo uno de lino, Helo de seda), hincharnos a probar distintas comidas, algunas deliciosas, otras raritas cuanto menos, y también ir a templos fuera de la zona turística y perdernos por algún barrio y acabar tomando unas cervezas con gente con la que no podíamos comunicarnos verbalmente… Como a nosotros nos gusta!

Bangkok es el inicio, los intermedios, y el final de nuestro viaje asiático, y de verdad, nos ha dado tiempo a apreciarla en profundidad. Aunque sería mejor con 7 u 8 grados menos de temperatura y tres millones menos de coches y motos, la verdad es que la hemos disfrutado mucho! Y eso que aún tenemos que volver allá para nuestros últimos días!

 

Après un été frileux en Nouvelle-Zélande, perdus dans la nature, au milieu de montagnes, lacs et rivières,  parfois jungles et même plages, entourés de pingouins, dauphins, sandflies et vers luisants, nous prenons l’avions de Wellington à Christchurch après nos adieux à la chère toyota Corolla (vendue depuis, snif snif!) et à la Fédé et Daniel!
Depuis Christchurch (ville qui nous a impressioné par l’état de dévastation dans lequel elle est toujours depuis le tremblement de terre de 2011) nous quittons l’océanie pour l’Asie! Nous faisons escale à Sydney,  juste le temps de voir depuis le hublot le fameux opéra aux abords de l’océan et courir attraper notre avion. Et enfin , nous atterrissons à Bangkok accueillis par Keaw, sous une chaleur infernale!

Bangkok, on l’aime ou on l’aime pas, elle nous passionne ou elle nous stresse, elle nous enivre ou nous fait fuir… On a un peu hésité avant de se faire notre avis sur la question, et on penche finalement pour le côté positif, Bangkok, on l’aime!!

Bangkok est un ville pleine de contrastes, aux airs futuristes avec son skytrain et ses gratte-ciels modernes, entre lesquels se cachent quelques temples anciens aux abords de vieilles maisons sur pilotis. Bangkok ce sont des millions de personnes qui bougent dans tous les sens à n’importe quelle heure du jour ou de la nuit, au milieu d’un trafic digne des pires cauchemars des chauffeurs de taxis. Vous trouvez des mini-stand de nourriture montés sur roulettes à chaque coin de rue, plein d’ingrédients inconnus, qui tous mélangés vous donnent des souplettes pas mauvaises du tout! au milieu d’odeurs allant de l’appétissant à l’écoeurant, quelques cafards courants par-ci par-là bien sûr… Et des écrans géants, ou mini, partout, criant à tue-tête pour pousser à la consommation (Consommation matérielle comme d’énergie, c’est énorme!), des tuks-tuks multicolores et kitsch attirant le challand étranger « farang » passant par là, tentant de vous entourlouper dans les boutiques de costumes sur mesure de qualité douteuse et à prix défiants toute concurrence, où en plus vous recevrez une réduction « seulement pour aujourd’hui » et « seulement pour vous » 😉 ! Bangkok c’est tout ça, des immeubles ultra-modernes, des palais, une rivière énorme et des centres commerciaux scintillants à gogo… et soudain des endroits où trouver le calme près de temples bouddhistes, entourés de leurs jardinets où ruisselle l’eau et où l’on peut se reposer à l’ombre d’une frangipanier loin des tumultes urbains.

Nous avons décidé de faire de Bangkok notre base d’opération pour la suite de notre périple dans la région. C’est donc à plusieurs reprises que nous avons fait étape dans la capitale, et nous avons découvert trop de choses pour vous en faire la description complète et détaillée. Si la suite n’en a pas l’air, c’est un résumé!

Pour commencer, nous recevons un accueil très gentil des gens de là-bas. A l’aéroport, Keaw, la belle-soeur de Nee, vient nous chercher et nous accompagne jusqu’à l’appartement où nous logerons. Le soir-même, elle nous emmène même manger dans un resto super chic, sur les abords du fleuve Chao Praya, avec de la nourriture thaie délicieuse! Le style thai oblige, on n’a pas le droit de sortir un billet… ça commence! Nous garderons donc un souvenir ému de tous ces mets, (faut dire qu’on arrive de Nouvelle-Zélande, pas une destination gastronomique!) en particulier du crabe au curry jaune et de nos premières noix de coco 🙂 C’est également Keaw qui nous accompagne pour faire faire un costume sur mesure à Victor et nous emmène manger (encore!) dans un resto délicieux.
Puis Keng, le proprio de l’appart nous reçoit très gentiment sans nous connaître… ne parlant pas très bien l’anglais on se fait des sourires 🙂 et notre coloc, Yok est super sympa. Elle nous a même emmené à une soirée » Beatles » mémorable!!
On rencontre aussi le petit frère de Nee, Phor, pour quelques bières dans un bar à concert. Puis sa tante Kalayanee nous fait découvrir les bons plans shopping et nous fait goûter la meilleure cuisine chinoise qu’on ait jamais mangé!! Voici un aperçu de l’accueil en Thaïlande!

Puis de notre côté, on fait le classique tour touristique en nous éloignant un peu des sentiers battus: visiter le palais royal et le temple du bouddha d’émeraude, le Wat Pho et son bouddha couché gigantesque, le Wat Arun ou temple de l’aube avec une vue superbe sur la ville, se perdre dans les ruelles du chinatown en tombant sur le marché aux fleurs, monter en haut du gratte-ciel le plus haut de Bangkok et observer le grouillement de cette ruche infatigable, visiter quelques musées célébrant le règne du roi et la reine…, aller fouiner le week-end dans le marché sans fin de Chatuchak, au milieu des jeunes artistes fashion, voir la ville se transformer en quelques heures en un immense marché nocturne , se promener en bateau sur les « khlongs », canaux de Bangkok, dans la vieille ville de Thonburi (même en étant aux aguets, peut-être qu’on s’est fait arnaqué sur le coup là!), visiter les maisons traditionnelles comme celle de Jim Thompson (qui fit la soie thaie célèbre) ou à Vinmanmek… sans échapper bien sûr au classique tour dans la très touristique Khaosan road à la recherche de guides d’occasion et manger un « pad thai » au coin d’un trottoir. Dans le registre nourriture, on a découvert aussi une sorte de marché où l’on trouve toutes les saveurs de la cuisine thaie réunies, en plein du milieu du quartier des affaires d’Asok, où se trouve l’ambassade d’Espagne (où nous avons fait étape pour que Victor renouvelle son passeport). Pour moins d’un euro on peut charger son assiette d’un parfait déjeuner équilibré et observer la classe affaire thaie en plein péché de gourmandise. On a depuis fait le trajet exprès pour répéter l’expérience 😉

Traduction du moment Vickypedia: le mot « farang », prononcé « falang » signifie pour les Thais et les Laotiens, étranger. Mais il n’utilisent pas ce mot pour les étrangers asiatiques, seulement pour les Européens et tout touriste  qui n’a pas l’air asiatique. Le premier contact avec les Européens qu’ils aient eu fut avec la France, également prononcé « Farang ». Le terme s’est ainsi généralisé, et si vous entendez ce mot près de vous, vous êtes sûrement le sujet central de la conversation, et on vous appelle « français » 😉

On a particulièrement aimé notre deuxième jour dans la capitale, quand on est monté dans un tuk-tuk qui nous a emmené manger une noodles  soup dans une gargotte qu’il aimait bien, il nous a fait une visite du « golden mount », emmenés promener dans le centre, et bien sûr, en nous faisant stopper dans une agence de tourisme « certifiée par le gouvernement » pour nous vendre un tour tout planifié en Thaïlande à « prix très intéressant » (un des grands nouveaux attrape-couillons de Bangkok où beaucoup de touristes y lâchent beaucoup d’argent) pour finalement nous laisser à la Khaosan Road à la nuit tombée.On n’a pas bien compris quelles étaient les motivations de ce brave chauffeur de tuk-tuk, car on ne l’a même pas payé bien cher… il espérait sûrement une bonne commission de l’agence de tourisme, mais malheureusement pour lui on n’a pas mordu à l’hameçon, même après avoir récolté toutes les informations que nous voulions 😉 Ce n’est pas le cas de tous les chauffeurs de tuk-tuk qui sont plus que pénibles à vous harceler dans la rue et à vous anoncer des prix hallucinants… sans hésiter non plus à vous emmener chez les tailleurs ou les bijouteries où ils reçoivent une commission uniquement pour vous y emmener… Mais notre chauffeur a été très gentil. Il nous a montré un tas de choses au « golden mount » et nous a attendu toute l’après-midi, même si beaucoup ne nous croient pas! Mais en général on préfère se déplacer en skytrain ou en taxi, c’est plus sûr, plus rapide et y’a la clim! Mais le tuk-tuk c’est marrant et ça fait une expérience exotique où vous apprenez l’art de la négociation interculturelle (3A parle 😉 ) tout en gardant patience et sourire 😉

Voilà pour quelques aventures. Sinon Bangkok ça a aussi été l’occasion de ne pas faire grand chose, essayer d’actualiser « un peu » le blog, faire les lessives, dormir, entre quelques expériences culinaires et visites de temples, aller nous perdre dans les ruelles et finir en buvant des bières avec les locaux avec qui le seul vocabulaire que nous ayons en commun est le nom des équipes de foot… on aime!

Voilà, c’est là que les aventures asiatiques ont  commencé et c’est là qu’elles termineront. On l’apprécierait un peu plus avec quelques degrès de moins et quelques millions de voitures de moins…. mais ça fait partie du charme!

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