Punta de Choros

Rue "Pingüinos de Humboldt"

Rue « Pingüinos de Humboldt »

Aquí hemos tenido una experiencia muy intesante y divertida, y ademas hemos disfrutado de la naturaleza! Salimos desde La Serena, y tras una hora y media en una divertida combi surcando la panamericana, llegamos a un desvío (el « Rodao »), por donde se entra al pueblo de Los Choros. Tras el cruce, comienza un descenso por un valle que llega al desierto costero, y por allí nos están esperando unos amigables zorros del desierto, que al parecer conocen al conductor, que les  debe dejar comida regularmente! Serán sólo los primeros animalitos de una larga lista…

En Los Choros, el pueblo que se sitúa un poco antes de llegar a Punta de Choros, un Couchsurfer, Felipe, nos había ofrecido pasar la noche en su tienda de campaña. Nos pasó la dirección, básicamente teníamos que pasar el camping « El Oasis » y buscar la calle « pingüinos de Humboldt. Por favor, POR FAVOR, mirad la foto para que os hagáis una idea de cómo era la calle 🙂 La historia a la que este dato dio lugar, fue quizás la más divertida y aventurera que hemos tenido en el viaje hasta ahora: en nuestra búsqueda. Dicho así, parecería una dirección norma para una casa en un pueblo cualquiera, pero no! Atención a la historia:

Tras un par de horas en la combi, divisamos el camping, y le pedimos al conductor que nos pare. Bajamos del bus, entramos en el camping para preguntar por la calle « pingüinos de Humboldt », le hablamos de Felipe, por si le conoce, y nos hace subir a la torre de su depósito de agua. Desde ahí nos muestra dónde vive Felipe. Hay al menos un par de km de caminata por el crudo desierto… Así que nos ponemos en marcha hacia allá! Por el camino hay una granja, y le preguntamos a grito pelao a una mujer por Felipe. Nos indica hacia donde ir. Acabamos llegando a una casa, bastante aislada, donde un perrito avisa de nuestra presencia, y sale uno de los que serán los protagonistas de la noche: Carlos. Se presenta, y nos cuenta que Felipe no está. Les explicamos que él nos había dejado su tienda, y además le contamos que, como pensábamos que había pueblo, dado que nos habló de una calle, no habíamos llevado comida, así que le preguntamos cómo ir a Los Choros, ya que estamos muriéndonos de hambre…

Lo más cercano: caminar 3 km por el desierto, hasta llegar a una carretera de tierra, y ahí hacer autostop hasta que venga alguien que se ofrezca a llevarte. Alternativa: caminar unos 7 km atravesando el desierto a pie. Carlos nos ofrece pasar para tomar un té, y nos presenta a  su madre, Laura, que acaba poniéndonos en la mesa panes con mantequilla y mermelada, una sopa de pollo y… más té! Nos ofrecen quedarnos a dormir en una tienda de campaña con colchones que tienen fuera de su casa, y aceptamos, pero les decimos que si nos quedamos, tendremos que traer algo para la cena. Así que caminata, autostop, y finalmente volvemos con cerveza, vino, y comida. Y de ahí nos volvimos a la duna costera, otros 3km de camino a pie, para poder ver el atardecer allí, con el sol hundiéndose en el Pacífico. Una buena manera de entrar en la noche: la visión de miles de gaviotas que nadan, y olas rompiendo furiosas en la costa. Tras volver a casa de Carlos y Laura, cenamos con ellos y sacamos el vino y las cervezas. La cosa acabó a las tantas de la mañana con una guitarra, una flauta, cantando en mitad de la noche, y los labios tintados de beber vino!!! Y como colofón, a dormir en la tienda bajo el cielo del desierto! Fue una noche inolvidable con muchísimas risas! Una canción que conseguimos tocar con moderado éxito fue « el aparecido », de Víctor Jara.

Al día siguiente nos levantamos pronto para ir a la Punta de Choros. Tras la buena caminata y varios intentos fallidos de autostop, pasa una combi y nos subimos. De ahí al puerto, donde los pescadores están organizados más para los turistas que para pescar… Por 10 lucas (10.000 pesos chilenos), tomamos una barca que nos lleva a las islas. El camino: todo un deleite para los ojos: desde acantilados y cuevas de guano, a playas azul turquesa de arena fina, desde alegres delfines y pingüinos, a enormes lobos marinos. Tras bastantes fotos de animales y paisajes, y un paseo de una hora por una de las islas regresamos a tierra firme, y como nos quedaban varias horas de espera para la combi, hacemos autostop, y un amable señor nos lleva de vuelta hasta La Serena.

Nunca habíamos sospechado que esta pequeña excursión podía haber valido tanto la pena!

à Punta de Choros, nous avons vécu une expérience intéressante et plutôt marrante, à la rencontre des personnes et de la nature! Nous sommes partis de la Serena tôt la matin, et après une heure et demie de bus brinquebalant et avoir admiré des petits renards du désert (amis du chauffeur qui leur donne à manger sans aucun doute :-)), les premiers animaux de notre escapade, nous sommes arrivés au village de Los Choros, à une vingtaine de kilomètres de Punta de Choros.

Nous avons atterris dans cette charmante petite bourgade grâce à un couchsurfer, Felipe, qui nous a invité dans sa tente alors que nous cherchions un contact à La Serena. Nous avons pensé que c’était une bonne occasion d’aller découvrir Los Choros s’il ne pouvait nous recevoir à La serena. Il nous avait donc donner l’adresse: Rue Pinguins de Humboldt, juste après le camping… Vous n’avez plus qu’à regarder la photo et vous aurez tout compris! On pensait que c’était une rue « normale », dans un village « normal »… et pourtant! nous voici plantés dans le désert à appeler « Feeliiipe!!! » à corps et à cris, et là commence notre formidable aventure:

Après une paire d’heures dans le bus et avoir dépassé le village de Los Choros, nous arrivons au camping où nous décidons de faire halte selon les explications que nous possédons. Là, nous demandons pour Felipe, et heureusement pour nous, il est connu! Le propriétaire nous fait monter en haut du réservoir d’eau pour nous montrer plus facilement où habite notre couchsurfer… nous distinguons difficilement au bout de son doigt une paire de maisons, et une tente plantée entre celles-ci… à plusieurs kilomètres de là dans le désert… Nous voilà donc partis gaiement dans cette direction! A la première ferme que nous croisons, nous demandons à grands cris depuis le grillage où habite Felipe, et on nous indique la direction (la pauvre femme nous avouera plus tard avoir eu peur de nous!). Nous arrivons à la prochaine maison, une petite cabane récente, encore en construction, où un chien (un boxer peu accueillant à premier abord) avise de notre arrivée à son maître: Carlos, le premier protagoniste de notre aventure! Carlos vit là avec sa maman Laura, et Felipe est leur voisin. Sa tente se trouve à quelques mètres de là…mais Felipe n’est pas là… Tout penauds (et morts de faim!) nous explicons à Carlos que Felipe nous avait invité et que l’on pensait arriver dans une agglomération où nous pourrions nous approvisionner pour le week-end…

Carlos nous explique comment retourner au village: marcher 3 km dans le désert pour rejoindre la route et faire du stop pour atteindre le village, sinon ce sont 7 km à traverser à pied dans le sable… Sans sans faire prier, il nous invite à boire le thé avec sa mère qui nous offre du pain avec du beurre et de la confiture, puis au fil de la conversation une soupe de poulet arrive sur la table et sans voir le temps passer, l’heure du déjeuner a déjà filé!

Ils nous proposent de passer la nuit dans la tente plantée au fond de leur jardin, en échange nous traversons le désert en sens inverse pour rapporter de quoi faire le dîner. Nous voilà donc partis pour une bonne demie heure de marche et autostop, pour rentrer les bras chargés de mets, vins et bières pour une bonne soirée en perspective. Avant, le dîner, on se motive pour traverser le désert une fois de plus pour aller admirer le coucher de soleil sur l’océan agité, accompagnés de centaines de mouettes et autres espèces volantes non identifiées de manière certaine… Une bonne façon de commencer la soirée qui finira gaiement. Nous sommes allés nous coucher à une heure avancée de la nuit sous le ciel étoilé du désert, les lèvres colorées de boire trop de vin, accompagnés de la guitarre, de la flûte et de quelques chants (légère overdose de « el aparecido » de Victor Jara qui aurait besoin d’encore quelques heures de pratique)! Ce fut une nuit inoubliable avec des gens fantastiques!!

Le jour suivant nous nous levons tôt pour aller à Punta de Choros et observer les animaux. Après nos adieux à nos hôtes et une bonne marche matinale, nous montons dans un bus après une tentative d’autostop peu fructueuse. Arrivés au port, nous montons dans une barque qui nous emmène faire un tour des îles les plus proches de la côte. L’océan nous secoue, mais les paysages en valent la peine: des îles qui débordent de pinguins, phoques, cormorans, quelques dauphins qui nagent au loin, des plages de sables fins… De retour au sol, un gentil monsieur nous ramène à La Serena et c’est ainsi que se conclue notre escapade incongrue 🙂

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Coquimbo y La Serena

Vista desde el puerto de Coquimbo

Vista desde el puerto de Coquimbo

Por fin el mar!! Tras un par de noches en San Pedro, y aún con los culos doloridos del día en bicicleta, tomamos a la tarde un bus nocturno a La Serena. Al rato de salir pasamos por Calama, ciudad de mineros, cuya razón de ser es la mina de cobre que hay unos kilómetros al norte, que no es una mina cualquiera, ya que es la más grande del mundo, y además es a cielo abierto, con una profundidad enorme. Pero no hacemos parada, porque ya hubo bastante con las minas de Potosí! Así que seguimos descendiendo en el bus hacia Antofagasta y el desierto costero, pero nos sobamos antes de llegar…

Y para cuando amanece y nos despertamos, ya estamos llegando a La Serena. Pero nuestra base de operaciones será Coquimbo, así que pillamos un bus local y vamos pallá! En realidad, son dos ciudades que están muy cerca una de otra, así que uno puede moverse en transporte público. Además, en Coquimbo nos espera Esteban, un santiaguino que conocimos en nuestra excursión por el lago Titicaca (que, por cierto, aún no os hemos contado!).

Coquimbo es una ciudad portuaria, con un par de cerros que suben abruptamente desde la zona de orilla, algo más plana. Le tiene un aire a Valparaíso, aunque más pequeño en todos los sentidos. Era un puerto pirata, y los ingleses lo usaron en varias ocasiones como base para saquear la cercana ciudad de La Serena. De hecho a día de hoy hay un barrio en Coquimbo llamado el barrio inglés, que es la zona más animada y segura de la ciudad (si te subes a los cerros puede ser animada también, pero por motivos menos deseables jeje). Darse un paseo por el barrio inglés y bajar al puerto a echar un vistazo es una vuelta bastante agradable. Además, si tienes un poco de suerte, te puedes hacer amiguitos caninos. Hélo cada día se hacía uno o dos amigos perritos que nos acompañaban en nuestros paseos jeje.

A nuestra llegada, lo primero que vemos antes de quedar con Esteban es el puerto pesquero, repleto de personajes interesantes, por supuesto bastantes de ellos con dudosas pintas, pero así ha sido siempre en los lugares marineros, vale la pena enfrentarse a los prejuicios y adentrarse un poco en la maraña! En la bahía hay un barco naufragado, que nunca ha sido sacado de ahí, y otros 4 barcos enormes, anclados uno al lado del otro, que también parecen abandonados. Al borde del muelle hay cantidad de gaviotas, un par de pelícanos, y la sorpresa llega cuando aparecen lobos marinos, dispuestos a comerse sobras de pescado que les tiran los pescadores. A todo esto hay que sumar una nube de barquitos pequeños de los mismos pescadores, y la vista al fondo de La Serena, al otro lado de la bahía, para tener una estampa de postal.

Aunque Coquimbo no tiene un centro demasiado activo, su encanto sí tiene. El barrio inglés, al pie de los cerros, ofrece vistas de las casas de colores más arriba, muchas medio destartaladas, pero con encanto. Igual sucede con las casas coloniales que quedan en pie en la parte baja de la ciudad. Además, hay estatuas humanas en las ventanas de algunos de estos edificios, representando escenas de época. En concreto, nuestro hostal, llamado Nomade, responde a ese perfil. Era la antigua sede del consulado francés. Por fuera, parece que se cae, pero por dentro rebosa encanto!

Un poco más allá del hostal también están los restos de un fuerte, que hicieron los españoles con intención de mantener algo más alejados a los corsarios ingleses que hostigaban la ciudad. A día de hoy es más bien un bonito parque que una fortaleza. También nos hemos subido a la « Cruz del Tercer Milenio », un pedazo de cruz de unos 90 m de altura con un museo y una temática muy religiosa que no nos llamaba nada la atención… pero que daba unas vistas maravillosas de Coquimbo, la bahía de la Herradura, y La Serena. Para compensar esta oda al catolicismo, hay un cerro a la entrada de Coquimbo que está coronado por una mezquita, cuya torre le tiene un aire a la Giralda! Sorprendente encontrarse esto aquí.

Obviamente también hemos aprovechado la condición de ciudad portuaria de Coquimbo para pegarnos una mariscada! A decir verdad, no nos apasionó la calidad de lo que comimos, una especie de surtido de todo llamado jardín del mar. Había gambas y cangrejo que no sabían a nada, pero al menos había un par de productos interesantes (y ricos) sobre el plato, a destacar los ostiones, las machas, y los erizos. Luego nos enteramos que eran los productos locales, y los otros no se pescan allí, así que seguro que eran importados y congelados… posiblemente con el delicado respeto que tienen a la cadena de frío en estas latitudes… (ironía).

La Serena es una ciudad algo más grande que Coquimbo, y el centro histórico no está tan cerca del mar, aunque sí tiene playa. Sorprende ver la diferencia arquitectónica entre ambas ciudades apenas recorriendo unos 10 km, ya que La Serena es bastante llana, en contraste con Coquimbo, y en lugar de las casitas coloridas de los cerros, uno ve calles en perfecta cuadrícula, con más arquitectura colonial en mejor estado. Además, hay una plaza central bastante activa, con venta de artesanías y algo de arte callejero (unos árboles envueltos en lanas de colores!), una iglesia con una torre bastante curiosa, calles animadas por muchos comercios y cafeterías…

Y finalmente, en La Serena nos hemos encontrado una sorpresa muy agradable al lado del centro: un bellísimo jardín japonés, que fue un regalo  dada la colaboración entre ambas naciones en materia de minería. El jardín es una gozada y nos dimos un buen paseo durante al menos un par de horas. Hay muchas plantas muy cuidadas, un estanque con carpas naranjas, patos, cisnes negros, con su correspondiente isla, un par de puntos de descanso, faroles japoneses y una cascada.  Nos hemos hecho amigos de las carpas y los cisnes, gracias a las migajas de los bocadillos que teníamos preparados 🙂 Muy bonito el jardín. Además, el sonido del agua fluyendo es especialmente reconfortante en una zona tan árida!

Por último pero no por ello menos importante, gracias a Esteban por alojarnos un par de días, y por las cenas con buen vino! Nos hemos enamorado del Carmenére (una cepa que se extinguió en Europa por una plaga, pero que sigue existiendo en Chile).

Desde Coquimbo hemos hecho además dos excursiones, aparte de La Serena, que os contamos en este artículo. Las otras dos, que os contaremos en breve, fueron al bucólico Valle de Elqui y a Punta Choros (un sitio que nos sorprendió mucho!). Seguid leyéndonos, que nuestra aventura sigue!

Enfin la mer!! Après deux nuits à San Pedro, et avec les fesses encore endolories par le vélo, nous prenons un bus de nuit pour la Serena. Le trajet nous fait passer par Calama, une ville de mineurs, et pas n’importe laquelle puisque à quelques kilomètres de là se trouve LA mine la plus grande du monde! et qui par conséquent fait tourner l’économie du pays.

Nous continuons notre route pour nous retrouver à l’aube (après quelques contrôles policiers et chiens à l’appui au cours de la nuit, on n’est plus en Bolivie!) à La Serena. Proche de là, se trouve Coquimbo, où nous retrouvons Esteban, un chilien de Santiago que nous avons rencontré sur le lac Titicaca (article à venir…oups!).

Coquimbo est une petite ville portuaire dont le centre est entouré de collines abruptes. Ils disent que c’est comme un petit Valparaiso 🙂 Mais c’était autrefois un port de pirates, que les anglais utilisèrent à plusieurs reprises pour attaquer La Serena. Aujourd’hui le quartier des bars (et la zone la plus centrale) s’appelle le quartier anglais. C’est aussi le quartier le plus sûr de la ville dont il vaut mieux ne pas trop s’éloigner apparement (on n’a pas vraiment tenté!). Le petit tour touristique entre le quartier anglais et le port est plutôt sympa, accompagné du « chant » des mouettes et du trot des chiens nous suivant à chaque pas! Victor dit que c’est moi qui les attire…

Le premier endroit que nous avons visité fut le port de pêche où nous avons retrouvé Esteban. C’est toujours un endroit très intéressant avec ses personnages aux mines plus ou moins douteuses parfois! Un peu plus loins dans la baie on peut voir un bateau de pêche naufragé, planté là depuis un temps indéterminé… puis d’autres énormes paquebots aux airs abandonnés… Et puis il y aussi des centaines mouettes qui tournent en rond au-dessus de l’activité terrestre, quelques pélicans et même des lions de mer venus d’on ne sait où, venus manger les restes de poisson des resto du port. La vue depuis les quais est digne d’une carte postale, avec les barques de pêcheurs au premier plan.

Coquimbo n’est pas une capitale, mais la ville a son charme. (on n’y serait jamais venu sans avoir connu Esteban). Depuis le quartier anglais au pied des collines, on peut admirer les petites maisons en tole de couleurs, toutes désarticulées. Puis autour du port, les maisons coloniales qui tombent en ruine, au balcon desquelles se trouvent des statues à taille humaine de personnages d’autrefois. Nous logions dans une de ces demeurs coloniales du siècle passé, à l’auberge de jeunesse « El Nomade »  qui était auparavant le consulat français, une petite ruine à première vue, mais non sans charme!
A quelques pas de là se trouve un fort construit par les Espagnols, dans l’intention de tenir éloigné de la ville les corsaires anglais. Il y a également une énorme croix « la cruz del Tercer Milenio » qui surplombe la ville de ses 90 m de haut… avec une basilique au rez de chaussée et un musée religieux (surtout des statues de Papes) à l’étage… rien de très passionant mise à part la vue de la baie de la Herradura et la Serena. Et pour compléter le tout, une mosquée (très jolie) trône sur une petite colline à l’entrée de la ville, cadeau du roi du Maroc pour les musulmans du coin… s’il y en a. Original!

En plus de tous ces attraits inconnus, Coquimbo nous a régalé de ses fruits de mer! Bon, c’était pas suculent (et je ne sais pas si c’est ce qui m’a rendu un peu malade je dois avouer…) mais on a goûté plein de choses dans le « jardin del mar » qui comprenait des crevettes, crabe et oursins, et surtout des choses inconnues de nous (voici les noms en espagnol, aucune idée en français): ostiones, machas, locos… Plus tard on a découvert qu’à part ces produits inconnus, les autres sont d’importation… ça valait le coup de manger au marché!

La Serena de son côté est un peu plus grande et son centre est un peu plus éloigné du bord de mer. La ville est complètement différente, à moins de 10 km de Coquimbo, tout est plat et la ville est bien rangée et plutôt d’architecture coloniale (je préfère les petites maisons de toutes les couleurs!). Et en y étant en plein été, le centre grouillait d’activité.

Nous avons choisi un endroit plus tranquille pour se promener, le jardin japonais, offert par le Japon pour leur coopération dans le travail des mines. C’est un jardin traditionnel avec toutes les étapes pour se purifier et tout ce qu’il faut faire quand on se promène! Se laver avant de commencer la balade, passer par un petit pont représentant je ne sais quoi, passer par le point de vue, voir la cascade symbole de la vie, se reposer à l’ombre de la maison de la cérémonie du thé…. Le tout accompagné d’un petit cours d’eau où barbottent joyeusement canards, carpes oranges, cygnes noirs, bizarrement attirés par quelques miettes de sandwich…

Coquimbo, c’était aussi des bons moments avec Esteban (malheureusement débordé de travail au port, Coquimbo étant le seul port du pays non gréviste à ce moment) et la découverte de bons vins, en particulier le Carménère, cepage disparu en Europe.

Depuis Coquimbo nous sommes aussi partis pour quelques excursions à la vallée d’Elqui et à Punta de Choros, qui nous ont valu une paire de bonnes aventures, à suivre!

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San Pedro de Atacama

Bienvenues a Chili!

Bienvenue au Chili!

Après notre expédition dans le salar d’Uyuni et le Sud-Lipez bolivien, nous changeons de mode de transport à la frontière chilienne et nous dirigeons vers San Pedro de Atacama dans un mini bus.

Les paysages sont extrêmement désertiques!! Atacama est le désert le plus aride du monde il y a même des zones plus au sud où jamais aucune pluie n’a été répertoriée!
Le passage de la frontière chilienne, c’est comme arriver en Europe de nouveau; La route est goudronnée, il y a des panneaux indicateurs, des lignes blanches sur la route…! Et combien de contrôles! Ils font passer toutes vos affaires aux rayons – X, et Victor qui transportait des petites graines (c’est son côté papa) n’était pas sûr de pouvoir passer sans problème! ils n’acceptent aucun produit végétal ou animal étranger sur le territoire…

Mais tout se passe bien (on s’est d’ailleurs demandé s’il y avait réellement une image sur leur ordinateur) et nous arrivons dans la petite bourgade de San Pedro… ville de moins de 10 000 habitants qui s’est développée grâce au tourisme au milieu du désert. Toutes les maisons sont en terre et en bois, ce qui lui donne un charme fou. Il n’y a pas grand chose d’autre que des agences de tourisme, des hôtels ou des resto, mais ça reste très agréable. Le truc choquant, c’est qu’ils ont tous un drapeau chilien sur leur toit… en m’imaginant cela avec des drapeaux français je me suis dit que ça ne passerait pas très bien!

Ils proposent des tas d’excursions pour aller voir les geysers, les lagunes ou les volcans de la région, mais en arrivant tout droit du sud-lipez bolivien, on s’est limité à la location de vélos pour une journée et à aller s’enfoncer dans le désert… On a traversé des rivières, affronté les vents du désert, rouler dans des canyons… et même pas tombée! mon séjour allemand m’aura appris quelque chose 🙂

Nous partons donc (presque) tôt le matin, pour aller voir la quebrada del diablo, et la petite chapelle de Catarpe. La chaleur commençant à nous faire rôtir on rentre sans avoir le temps de voir la vallée de la mort 😦 (qui s’appelait vallée  de Mars « Marte » en espagnol, mais qui est devenu « muerte » à cause des fautes de prononciation) Et le soir nous sommes allés voir (comme tout le monde) le coucher de soleil sur la vallée de la lune. Mais quelle épopée!!!

Nous étions à peu près les seuls à arriver en vélo… et on a compris pourquoi! c’était 13 km de faux plat, avec le vent en pleine face et surtout le sable qui volait dans tous les sens… je pensais ne jamais arriver!!! Après une petite visite dans les tunnels de sels de la vallée, nous continuons notre ascension ( à pied cette fois, faut pas rigoler) pour atteindre des paysages lunaires, teintés de rose sous la lumière du soleil couchant, magnifique!!! Magnifique mais de courte durée, le chemin de retour nous attend… avec le vent en pleine face encore une fois… heuuu c’ets fait exprès?!

Le soir même, les nuages ne nous permettent malheureusement pas (ou heureusement, j’avais très envie d’aller au lit après cette équipée) d’aller observer les étoiles. San Pedro est le meilleur endroit au monde pour observer les étoiles de par son éloignement et son ciel (presque) toujours dégagé.
San Pedro c’est aussi l’endroit idéal pour faire la fête. Les soirs, tous les bars et restos allument un feu dans leur cour, et les groupes de musiques jaillissent de partout.  Malheureusement, après notre journée, la fête fut de courte dur2e-

Nous sommes restés deux nuits à San Pedro, bien qu’on pensait y rester moins… Tout est cher là-bas… par rapport à la Bolivie, on multiplie les prix facilement par 6 ou 7… Mais comme on a eu un petit souci avec l’hôtel (ils ont laissé la clé sur la porte de notre chambre avec toutes nos affaires dedans…) mon mauvais caractère nous a offert deux nuits gratuites dans un très charmant hôtel et nous avons économisé la modique somme de 100$ 🙂

Tras nuestra expedición al salar de Uyuni y el Sud-Lípez en Bolivia, llegamos a la frontera chilena, abandonamos el 4×4 de Red Planet y nos dirigimos a San Pedro de Atacama en un minibus.

El paisaje es extremamente desértico. No en vano, Atacama es la región más árida del mundo y tiene incluso zonas donde jamás se ha registrado la caída de lluvia. Otra observación: Chile nos da un contraste muy radical con Bolivia: la carretera está asfaltada, los carriles pintados, y todo señalizado. Y eso que entre San Pedro y Bolivia no hay absolutamente nada! Y el control policial es bastante serio (aunque mis semillas han sobrevivido inesperadamente al paso fronterizo)… con lo bueno y malo que eso conlleva. En general, el primer sentimiento que se tiene al cruzar esta frontera es que parece que uno ha vuelto a Europa.

Tras el control policial llegamos a San Pedro, un pueblito de unos 5000 habitantes que florece en mitad del desierto, gracias a sus aguas subterráneas y al río del mismo nombre, que trae agua desde las alturas, donde sí llueve algo. Es un pueblo bastante encantador, lleno de casas de adobe, y jardines floridos. Hay banderas chilenas por todos lados, son patrióticos estos atacameños… Los baños tienen papel y jabón! Sí! Esto es Europaaaaa :p

Desde San Pedro se pueden hacer múltiples excursiones para ver los géiseres del Tatio, un par de salares, lagunas y volcanes de la región, pero como nosotros veníamos del Sud-Lípez boliviano, ya habiamos tenido una buena dosis de todo esto, así que decidimos madrugar, alquilar unas bicicletas, y explorar los alrededores. Hemos seguido el curso del río San Pedro y hemos llegado hasta el vecino pueblo de Catarpe. Después hemos visitado un lugar bastante interesante, llamado la Quebrada del Diablo. Es un cañón de un río seco, que avanza hasta desembocar en el río San Pedro. Tiene una estructura muy curiosa, ya que a ambos lados puedes ver los estratos en la pared del cañón, y se componen de unas capas gruesas de arenisca muy blanda (esto explica tanta erosión), con láminas muy finas de algo parecido a cuarzo, que les da la estructura, y una pintoresca textura llena de líneas blancas. Es como una lasaña geológica jejeje.

Pero el sol aprieta fuerte hacia el mediodía y decidimos volver a San Pedro para salir a media tarde, cuando el sol haya bajado. Lo hacemos, con siesta incluida, y nos dirigimos hacia los valles de la Muerte y la Luna. Tras varios km de pedaleo decidimos cancelar la visita al primero (momento Vickypedia: el señor que bautizó al valle de la Muerte con ese nombre fue el padre Le Paige, francés, y en realidad lo llamaba el valle de MARTE, por su paisaje extraterrestre…. pero los locales no le entendieron bien, o bien hablaba español con ese acentro francés tan característico que Helo no tiene… ejem). Así que nos dirigimos al valle de la Luna para hacer los 13 km en línea recta más jodidos de nuestras vidas! Menuda combinación de sol, sequedad, viento fortísimo en contra y polvo en la cara. No se os ocurra hacer ese camino sin gafas de sol, y mucho menos sin agua!!

Por fin, llegamos al valle de la Luna! Es una pequeña estribación montañosa hecha fundamentalmente de sal. De cuando en cuando se ven rocas translúcidas que sobresalen, y obviamente decidí chupar una de ellas para comprobar que era sal. Efectivamente, estaba bien rica la roca, al punto de sal 🙂 Visitamos unas pequeñas cuevas a la entrada, con formaciones muy curiosas, y ascendemos, casi arrastrándonos y arrastrando las bicicletas, a un punto alto que es famoso por sus atardeceres… y no nos decepcionó! Las dunas, las rocas, los minerales de sal y las nubes, se unen en una estampa única, casi irrepetible, de infinitos colores y reflejos. Ha sido difícil llegar, pero la recompensa es una vista sublime… un buen trago de agua y unos snacks. Tras un rato de observación, decidimos bajar para hacer el camino de vuelta con luz. Y adivinad qué: el viento ha cambiado de dirección y de nuevo lo tenemos en contra! Menudo trabajo!

Al final llegamos de nuevo a San Pedro, agotados. Teníamos pensado hacer un circuito astronómico a la noche, pero el cielo está nublado y lo cancelan. Y casi damos las gracias, porque estábamos muertos jeje.

San Pedro continúa con su animado ambiente nocturno, distinto y único, lleno de bares con grandes patios donde hacen una fogata, y con música en vivo, o simplemente alguien canturreando con una guitarra en un corrillo. Muy bueno! Pero nuestros cuerpos no están para fiesta después del palizón a pedalear, y sucumbimos al sueño en nuestro hostal, un lugar encantador con jardines y casitas de adobe. Nada barato, eso sí, menos aún viniendo de Bolivia (en Chile, el alojamiento y la comida están cuanto menos a triple o cuádruple precio, literal), pero « gracias » a un error del personal y la respuesta airada de Helo, nos regalan las dos noches. Ahorrándonos la nada desdeñable suma de 100 dólares…

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Sud-Lipez

Laguna al lado de las aguas termales, al atardecer

Lagune à côté des eaux thermales, au coucher du soleil

Aviso para navegantes. Este artículo será algo singular. Es posible que tenga las fotos con los paisajes más espectaculares de todo el viaje. Por eso, en lugar de tener la típica galería de fotos y nuestras explicaciones, os dejaremos con las mejores fotos que hemos podido obtener de este paseo por el Sud-Lípez, una enorme zona casi deshabitada del sudoeste de Bolivia, colindante con Chile. Los paisajes son tan únicos, tan infinitos, que no tiene demasiado sentido intentar explicarlos con palabras. Os dejamos un montón de fotos panorámicas, que son las que mejor captan el espíritu del lugar, pero no olvidéis que ni siquiera con ellas se puede captar ni la mitad de lo que te circunda… Estos paisajes son para verlos, todo lo demás sólo es un pequeño esbozo. Esperemos que os guste y os haga soñar!

Voici un article un peu particulier. Pas besoin de grandes explications pour vous laisser apprécier la beauté des paysages de la région du Sud-Lípez, au sud de la Bolivie, proche de la frontière avec le Chili. Les paysages sont uniques, il y a des milliers de couleurs et l’immensité  du désert vous fait sentir tout petit. Les photos panoramiques vous donnent un petit aperçu de ce que l’on peut découvrir dans la région, imaginez que ce n’est que la moitié de ce que l’on peut voir autour de soi… Voilà quelques échantillons qu’on partage avec vous, en espérant vous donner envie d’aller voir sur place, ça vaut le détour!

Formaciones rocosas en el "valle de las Rocas"

La vallée des roches

La impresionante Laguna Colorada

L’impressionnante « lagune colorée »

Piedra árbol en el desierto de Siloli

Piedra árbol en el desierto de Siloli

Laguna Hedionda (nombre real) - La foto no capta el divertido olor a gambas hervidas...

Laguna Hedionda (nombre real) – La foto no capta el divertido olor a gambas hervidas…

Laguna Cañapa

Laguna Cañapa

Magníficas vistas en la Laguna Cañapa

Magníficas vistas en la Laguna Cañapa

Desierto altiplánico Silolí

Desierto altiplánico Silolí

Y ahora os dejamos unas cuantas no-panorámicas, pero que merecen estar por aquí. No os hacemos galería esta vez, para que podáis verlas en calidad completa haciendo click en ellas:

Quelques non-panoramiques qui valent la peine aussi, vous pouvez les agrandir à l’aide d’un simple clic 🙂

Es un cóndor, es un avión...?

Drôle de forme dans le désert des roches

Géiseres Sol de Mañana

Geysers du « soleil du matin »

Volcán Licáncabur tras la laguna verde

Volcan Licancabur derrière la lagune verte

Nuestro grupo frente al Licáncabur

Notre groupe devant le volcan Licancabur

Abrazando a un volcán con otro vigilando al fondo

Sous la vigilance du volcan

Laguna Cañapa y nevados

Lagune Cañapa et monts enneigés

Helo se interna en la laguna Hedionda para ofrendarle un par de peditos a la Pachamama

Selon Victor, je fais une offrande de p*** à la lagune nauséabonde…

Más laguna Colorada

Encore la lagune colorée

Y como sorpresa final (también lo fue para nosotros…) unas fotos de nuestros baños en las termas a 4300 msmn y algunas de las vistas que teníamos desde allí, tanto de noche como al amanecer. Fuera estaba helado, dentro, el agua a unos 30 grados, con unas vistas únicas:

Petite surprise finale (qui le fut pour nous aussi hehe!) des photos de nos baignades dans les eaux thermales à 4 300 m. d’altitude, et la vue depuis le bassin, de nuit et au lever du jour. A 5h du matin, le sol était blanc de givre et l’eau de la piscine à plus de 30°C avec une vue magnifique!

Las termas de noche...

Les thermes de nuit…avec un « bon » vin!

... y las termas al amanecer, con el suelo helado alrededor

… et au lever du soleil, entouré de givre

Flamencos entre los vapores de las aguas termales

Flamands roses entre les vapeurs des eaux thermales

Flamencos al amanecer

Flamands roses au lever du jour

Don Flamenco

Don Flamenco

Vicuñas en la carretera

Vigognes sur le bord de la route

Y cómo no, el chiste 🙂 Petite blague (pour les hispanophones)

Porca putana troia!

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Uyuni

Saludos desde el cielo!

Tras Potosí salimos a Uyuni. Ya conocedores de las tretas de los transportistas, negociamos comprarles el billete a unos, a cambio de que nos garanticen llevar los equipajes en la parte de abajo (a veces los atan arriba, y suelen poner una lona protectora, pero si llueve fuerte, tu maleta se acaba mojando igual). Ya tenemos cierto nivel de habilidad negociadora. El truco está en no soltar el dinero hasta no tener algo a a tu favor… aunque esto no siempre es posible! Tras unas 4 horas de bus, llegamos a nuestro destino, Uyuni.

Uyuni es fea, Uyuni no tiene nada. Uyuni está hecha con mal gusto. Uyuni tiene un clima horrible. En Uyuni no hay ningún punto de interés, salvo un cementerio de trenes a sus afueras. Eso sí, a unos pocos kilómetros, al lado de otro pueblito llamado Colchani, hay una maravilla natural indescriptible, el salar de Uyuni! Es un antiguo lago que se secó… o mejor dicho, se seca cada año, dejando miles de millones de toneladas de sal en su lecho repartidas en 10.582 km cuadrados… aproximadamente el mismo tamaño que Irlanda del Norte.

Y es eso lo que queremos ver, así que nos dirigimos a la agencia Red Planet, que según las críticas que hemos leído (muchas), es la agencia más fiable del lugar. También la más cara, bastante más cara de hecho, pero aún así, asequible e incluso a un bolsillo occidental, y con un par de ventajas que hacen valer la pena pagar la diferencia (la mejor la veréis en el próximo artículo). Otra ventaja es que al parecer tienen bien controlados a sus conductores… otras agencias tienen sus guías y subcontratan a los conductores… con lo que se dan casos de conductores que amanecen borrachos y diversas barbaridades que por estas latitudes son más normales de lo que deberían. Tras pasar una noche en « El Chavito », sitio que no estaba del todo mal, pero que casi se inunda con el diluvio que nos cayó, salimos a la agencia, nos montamos en el jeep, y salimos dirección Uyuni, Sud Lípez… y Chile! Nuestros compañeros de viaje, dos bolivianos (el conductor y el guía), una pareja de colombianos, y una alemana muy simpática!

Primera parada: un cementerio de trenes. Bolivia se dotó de un sistema ferroviario para sacar el mineral a principios del siglo XX, sistema que le construyeron los ingleses. Parte de ese sistema sigue funcionando y se puede viajar entre Uyuni y Oruro, pero a día de hoy no es muy fiable (más por tema de horarios imaginativos que de seguridad). Conforme los trenes y vagones se iban rompiendo, se abandonaban, y a las afueras de Uyuni quedó un curioso y fotogénico cementerio de trenes. Complace ver que hace un siglo tenían aún menos conciencia ecológica que ahora. Eso quiere decir que aunque sea mínimo, algún progreso ha habido en este aspecto. También pagaría por ver un tren boliviano hace un siglo, seguramente con la vía bordeada de huesos de pollo.

Tras un ratito breve, salimos a nuestro destino principal! Tras una media hora por una autopista de tierra, por la ventana del Toyota se ve ya el infinito salar… e impresiona de verdad!! Tras un breve paso por Colchani, otro pequeño pueblo ultramundano, y un almuerzo en un edificio hecho con ladrillos de sal (que se pueden chupar para comprobarlo), nos internamos con el jeep en el salar. El salar de Uyuni tiene dos paisajes diferenciados, uno se da cuando está seco, cuando el suelo parece compuesto de millones de baldosas hexagonales de sal. Momento Vickypedia: adoptando esta forma, las baldosas se pueden adaptar a la curvatura de la tierra. El otro paisaje, se da en temporada lluviosa, entre enero y marzo, cuando cae agua suficiente como para que haya unos centrímetros de agua sobre el salar. En ese momento, se convierte en un espejo casi perfecto que refleja el cielo. En ambos casos, el paisaje es espectacular y posiblemente uno de los sitios más fotogénicos del mundo. Como somos viajeros afortunados, y hemos llegado a principios de enero, hemos podido ver los dos paisajes, porque había zonas del salar inundadas, y zonas que no! Además, hemos llegado unos días antes de que el rally Dakar haga su paso de la zona, encareciéndolo todo…

Por supuesto, hemos intentado hacer las típicas fotos con formas geométricas y engañando la percepción de escala, algunas de las cuales podéis ver en la galería 🙂

La verdad es que es un paisaje único y absolutamente impresionante! Seguramente casi nadie piensa a día de hoy en un viaje a Bolivia sin pasar por aquí, pero si es vuestra idea, pensadlo dos veces, porque no veréis nada así en el mundo!

Tras salir del salar, nuestro viaje prosigue hacia el sur, donde en mitad de la nada dormimos con el grupo en un alojamiento sorprendentemente bastante bueno… y despertamos para ingresar en los vastísimos paisajes del Sud Lípez y el parque nacional Eduardo Avaroa… posiblemente los paisajes más bonitos que hemos visto jamás. Hemos fundido el modo panorámico de la cámara. Pero eso ya queda para el siguiente artículo…

Après Potosi, cap sur Uyuni, au sud. Comme on commence à bien maîtriser la négociation des transports, on a vite vu que nos sacs allaient se diriger sur le toit, et avec la pluie menaçant on ne nous la fait pas! Nos sacs irons dans le coffre avant qu’on ne leur donne un centime!

Après 4h de bus sur une route magnifique, nous arrivons dans le désert et à Uyuni. Uyuni, basiquement, c’est moche. Il n’y a rien, la ville n’a aucun intérêt et il y fait un temps horrible! Son seul point d’intérêt touristique est un cimetière de trains pour vous mettre dans l’ambiance qui règne dans les parages… Et pourtant… à quelques kilomètres de là, près du village de Colchani se trouve un lieu incroyable et unique: Le salar d’Uyuni! C’est un ancien lac qui après s’être totalement asséché, a laissé des milliers de tonnes de sel réparties sur 10 582 km2. (à peu près la taille d’Irlande du nord).

C’est ce qui attirent des milliers de touristes chaque année à Uyuni. Nous ausi, on est là pour ça! Ayant entendu toutes sortes d’histoires glauques sur des chauffeurs bourrés, des guides qui disparaissent et autres aventures… nous nous tournons vers une agence qui semble fiable et dont on nous a dit du bien. Nous nous dirigeons donc vers RedPlanet, l’agence la plus fiable et la plus chère de la ville entre mille. Après une nuit dans notre petit hotel (assez glauque disons-le, à l’image de la ville) où d’ailleurs le déluge manque de nous tomber sur la tête, nous voilà montés dans une jeep en compagnie de notre chauffeur et de notre guide, deux Boliviens, d’un couple de Colombiens et d’une allemande.
(bon, il faut savoir aussi que si sur le terrain c’est l’agence la plus fiable, il ne faut pas trop compter sur l’organisation au niveau administraif… là encore il a fallu négocier car ils étaient prêts à nous laisser sur le carreau car il n’y avait plus assez de place…!!!)

Premier stop: le cimetière de trains. Au début du 20ème siècle, les Anglais construirent une voie ferrée en Bolivie, afin de transporter les minéraux extraits de la mine. Une partie de cette voie ferrée est toujours en fonctionnement entre Uyuni et Oruro et destinée au transport de voyageurs (pour ceux qui ne sont pas trop regardant sur les horaires semble-t-il!) Ainsi les trains restèrent à l’abandon et comme ils ne savaient pas quoi en faire et bien ils sont restés là, donnant naissance à ce curieux cimetière, très photogénique et pouvant servir de décor glauque à quelque film!

Puis nous prenons la route pour le salar… et après une petite demie-heure de trajet, la vue se perd dans l’immensité du désert blanc! Après un passage rapide par Colchani, autre village sorti d’un autre monde, et un déjeuner dans un bâtiment fait de briques de sel (on a goûté pour être sûrs!) notre jeep nous emmène dans les profondeurs du salar.

Le salar peut s’apprécier de deux manières: quand il est sec, et l’on peut ainsi voir des milliers d’hexagones formés par le sel blanc (selon Vickypedia le sel adopte cette forme pour s’adapter aux courbes de la terre) ou quand il est plein d’eau pendant la saison des pluies entre Janvier et Mars. A ce moment là, le salar devient un immense miroir dans lequel se reflète le ciel! Dans les deux cas, c’est impressionant!! Nous avons eu la chance d’arriver entre deux pluies, avec juste assez d’eau pour pouvoir passer et juste assez de soleil pour voir un magnifique reflet du ciel sur le sel, et enfin à quelques jours de l’arrivée du Dakar, avant qu’ils ne viennent tout gâcher!

Nous n’étions bien entendu pas les seuls dans cette immensité et c’était très drôle de voir tous ces gens faire des figures bizarres pour prendre des photos saugrenues, on vous laisse quelques exemples 🙂

Aujourd’hui le salar est la grande attraction de Bolivie, et pour cause! On ne marche pas dans le ciel deux fois dans sa vie!

Après cette grande étape, nous continuons notre « route », heu… tout-terrain plutôt, et allons passer la nuit dans un petit hotel plus que confortable pour la région où nous nous réveillerons pour aller voir les incroyables paysages du Sud Lipez et du parc national Eduardo Avaroa. Photos dans le prochain article!

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Potosí

Potosí: las horadadas faldas del Cerro Rico

Vue de la ville depuis le cerro rico

Tras pasar la nochevieja en la bonita ciudad de Sucre y recargar las pilas, el día de año nuevo queremos partir para Potosí. Pero es año nuevo, y en Bolivia ese día no funciona casi ningún bus… así que echamos otro día en Sucre, recargamos más pilas aún y el 2 de enero partimos a Potosí, cuyo nombre deriva de un nombre quechua, algo así como (Potoj´chi).

Este artículo será muy largo y muy Vickypedia. La razón: Potosí es una ciudad de libro Guiness. Rebosa historia (e ironías de la historia) por los cuatro costados. Tiene una importancia primordial en la historia universal. Fue la ciudad más rica del mundo hace poco más de un par de siglos, superando al París o Londres de la época, y ahora es la capital de la región más pobre de Bolivia, o sea, una de las zonas más deprimidas de toda Sudamérica. Además, es la ciudad de más de 100.000 habitantes a más altura del mundo, su centro está a 4060 msnm (imaginaos una ciudad que esté 300 metros más arriba que la cima del Teide) y sus suburbios se desparraman sobre las laderas de otras colinas más altas, entre las cuales sobresale el bendito y maldito, imponente Cerro Rico, o Sumaj Orcko, de unos 4800 msnm.

Lo primero que nos llama la atención de la llegada a Potosí desde Sucre, es que el último tramo es un ratito de descenso! Eso quiere decir que la carretera sube bieeeen alto antes! Los paisajes a estas alturas quitan el aliento. Por momentos parece que estás en otro planeta. Conforme llegamos a Potosí, nos damos cuenta de que seguimos en la tierra. Y en concreto en Bolivia. Muchos pueblos y casi todos los suburbios que rodean a las ciudades medio grandes suelen ser colmenas de casas muy rudimentariamente construidas, a ladrillo desnudo, sin pintar, con puestos de comida humeantes cerca de la carretera, y bastante basura tirada por ahí. Aquí también. Pero llegas al centro, y te encuentras con callejuelas empinadas flanqueadas de casas coloniales, con sus balcones de madera y colores llamativos. Cada dos por tres te topas con una iglesia con una portada hiperbarroca y espectacular, al más puro estilo de la Catedral de Santiago. Tiene bastante encanto y sobre todo mucho que contar!

En Potosí hemos hecho dos visitas de especial relevancia: en primer lugar, hemos ido a la casa de la moneda. Es el edificio civil de más relevancia histórica de toda América Latina, y posiblemente de toda América. Por qué? Bueno, para eso tenemos que explicar antes nuestra segunda visita: las minas del Cerro Rico. No se llama así por nada. En esta montaña estaba el yacimiento de plata más importante del mundo jamás hallado en la historia. Guayasamín decía que con la plata que se sacó de aquí, se podía haber construido un puente que uniera Europa y América… y es posible que sea verdad. En el siglo XVIII, el 90% de la plata de las monedas que circulaban por Europa había salido de esta montaña, e incluso un año, pavimentaron una calle con plata para la procesión del Corpus Christi de 1683. Varios autores coinciden en que el Cerro Rico es el origen del capitalismo. Ahí es nada! Básicamente España tenía tanta plata al explotar este cerro, que no producía nada del material elaborado que consumía (por ejemplo textiles), sino que importaba todo, lo cual impulsó la producción industrial de los países del norte de Europa. América tenía la vaca, España se apropiaba de su leche, y otros aprendieron a hacer queso.

No es el único record que ostenta. También tiene un récord negativo. Se estima que en un par de siglos de explotación, esta montaña se comió entre 6 y 8 millones de almas de mitayos: indígenas americanos y negros esclavos que trabajaban forzadamente en la mina. Hoy día se sigue explotando por el estaño, el zinc, y de vez en cuando siguen encontrando plata. Pero hace casi dos siglos que sus venas madre se agotaron. Ahora la plata se encuentra en mineral, en la época de la colonia la plata estaba en estado puro y se sacaba en bloques del tamaño de árboles. Como analogía, hoy sólo quedarían las hojitas que cayeron al suelo y medio descompuestas… Pero aún así, entre 6000 y 15000 mineros, según época y situación económica del país, siguen trabajando en sus entrañas horadadas. Es esta montaña la que da el nombre al famoso libro de Eduardo Galeano, « Las venas abiertas de América Latina », lectura fundamental para cualquiera que se venga a viajar por aquí.

Nosotros, tras llenarnos la boca de hojas de coca, nos adentramos en una mina llamada « la negra » con un pequeño grupo comandado por Julio, de Greengo Tours. Aunque bastante arrogante y algo chulito, nos explicó mucho de la mina y sobre todo de la vida y manera de pensar de los mineros, ya que el mismo lo fue hace bastantes años. Es una realidad muy dura, trabajan hasta 12 o 14 horas al día, en mitad de la oscuridad, respirando aire enrarecido cuando no directamente venenoso, sin apenas comer nada, con temperaturas extremas de calor o frío, a veces con suelos helados, y en un entorno en el que hay mil peligros: explosiones, fugas de gas venenoso, derrumbes de túneles… sin salario fijo, sólo ganan dinero con la venta del mineral que sacan. La esperanza de vida entre los mineros está en 45 años. No digo más.

Los mineros son supersticiosos, y tienen una religiosidad propia, mezcla de la católica y creencias precolombinas. Adoran al « Tío », dios del inframundo, que los españoles les intentaron hacerles identificar con el diablo. Lo consiguieron, en parte, pues ahora lo consideran un diablo. Pero los mineros le dieron la vuelta a la tortilla, ya que, al fin y al cabo, si en las profundidades del infierno reinaba el diablo, era a él a quien había que hacerle ofrendas para que la producción fuera bien y para que hubiera menos accidentes, no? Además, como diablo, valora que se fume, se masque coca y se beba alcohol en su presencia. O sea, que los mineros se ponen ciegos perdidos frente a la estatua del Tío, porque eso les dará suerte.

Hemos estado unas 3 horas dentro de la mina… y a pesar de que no hemos ido descendiendo niveles (por seguridad nos hemos quedado en las zonas más transitadas y con menos riesgos), hemos entrado lo suficiente para sentir el calor fuerte del interior, el aire inmóvil que no se refresca, la humedad que cala los huesos, y una oscuridad y sentimientos de vulnerabilidad infinita. Una experiencia única, entre las más valiosas de este viaje, que nos ha hecho respirar y sonreír casi tontamente sólo por el hecho de salir. Helo tiró su coca pronto, pero yo la mantuve al menos dos horas, y noté que efectivamente me quitaba el hambre, y sensación de cansancio… Los mineros lo hacen todos los días para enajenarse de lo que les pide su cuerpo. Qué lucha!

Y ahora sí podemos decir qué es la casa de la moneda… aunque queda poco que explicar y os lo podéis imaginar muy bien, no? Los números y la historia que hemos contado lo dice ya todo 😉

Potosí es visita obligada para quien pase por Bolivia. Y si eres español, es casi deuda…

Après notre petit nouvel an et quelques jours tranquilles dans la jolie ville de Sucre, on décide de partir le 1er janvier pour Potosi…mauvaise idée apparement puisque la plupart des bus ne circulent pas et ceux qui circulent n’ont pas toujours des chauffeurs très en état… Bon c’est pas grave, nous attendrons le 2 pour partir à Potosi d’où le nom vient d’ailleurs du quechua Potoj´chi qui signifiait….. heuuu

Potosi est une ville pleine de records mondiaux… malheureusement pas spécialement très glorieux (et pas pour ses habitants, plutôt les étrangers!) C’est une ville que peu connaissent (même de nom) et pourtant elle est d’une importance primordial dans l’ Histoire universelle. Il y a quelques siècles, ce fut la ville la plus riche du monde, dépassant même Paris ou Londres pendant leurs heures de gloire! Aujourd’hui, c’est la capitale de la région la plus pauvre de Bolivie… un des pays les plus pauvres du monde… pour vous faire une idée.

C’est aussi la ville de plus de 100 000 habitants la plus haute du monde avec son centre à 4 060 m. d’altitude (devant Lassah au Tibet). Mais la ville s’étend sur les collines alentours et elle est surplombée par le fameux « cerro rico » de 4 800m.

Sans très bien comprendre pourquoi, la route qui nous mène à Potosi descend franchement pour arriver dans la ville… c’est donc qu’on a du monter bien haut pour en arriver là! On a traversé des paysages lunaires impressionants avec pleiiiin de lamas et vigognes tout partout. Mais nous n’avons pas quitté la Bolivie pour autant. Comme toutes les villes de Bolivie, les alentours sont composés de maisons de briques, sans finir de construire, désordonnées, sans peinture, des vendeurs ambulants le long de la route et des déchets partout… Mais à peine arrivés dans le centre, on retrouve les petites ruelles au style colonial, des maisons avec leurs petits balcons de bois aux couleurs (presque) chatoyantes. Et surtout des églises partout aux façades au style baroque impressionant.

On a fait à Potosi les deux visites incontournables. On a commencé par la visite de « la casa de la moneda ». C’est un des bâtiments les plus importants de l’Histoire d’Amérique latine. Et la raison (je vois que vous en mourrez tous d’impatience de le savoir) et bien ce fut le sujet de notre deuxième visite: les mines du cerro rico (celui qui surplombe la ville). Son nom signifie le « mont riche », ou le « richemont » pour faire mieux. Et ben son nom ne vient pas de nulle part… Le cerro rico était le gisement d’argent le plus important du monde et inégalé jusqu’à maintenant. Depuis le 16ème siècle et jusqu’à aujourd’hui les mines sont en fonctionnement.

Guayasamin (l’artiste indigène équatorien, cf. notre article sur Quito) disait qu’on avait sorti tellement d’argent de ces mines qu’on aurait pu construire un pont aller-retour entre les continents américains et européens… et c’est probablement vrai. Au 18ème siècle, 90% des pièces d’argent qui circulaient en Europe venaient de Potosi. Il y en avait tellement, qu’une année ils ont même couvert une rue d’argent pour les fêtes de Corpus Christi de 1683. Beaucoup d’auteurs sont d’accord pour dire que le Cerro Rico est à l’origine du capitalisme. Et l’Espagne s’est reposée sur ses lauriers avec tout cet argent et a oublié de créer ses propres industries en important tout depuis les pays d’Europe du nord qui eux, ont développé leur industrie.

Mais il y a un autre record que détient Potosi… On dit que durant les deux premiers siècles d’exploitation du Cerro Rico, près de 6 à 8 millions d’indigènes américains et d’esclaves noirs sont morts à cause du travail forcé dans les mines… A l’heure actuelle on continue à extraire principalement du zinc, et on trouve encore de temps en temps de l’argent. A l’époque de la colonisation, on trouvait l’argent sous sa forme la plus pure et on en sortait des blocs entiers, de la taille d’un arbre!

Aujourd’hui on rencontre encore beaucoup de mineurs à Potosi. Ils sont entre 6 et 15 000 selon la période, qui travaillent au fond des souterrains. Ce sont les mines de Potosi qui ont donné leur nom au célèbre livre de Eduardo Galeano (tout du moins très célèbre en Amérique latine, tout le monde le connait, et s’ils ont lu un livre dans leur vie c’est celui-là!) « Les veines ouvertes d’Amérique Latine »… vous aurez compris, les veines ce sont les mines et le sang qui coule…

Nous ne pouvions donc pas échapper à la visite dans les ténèbres! Même si ça nous stressait bien, on a rempli nos bouches de feuilles de coca pour se donner du courage et nous sommes entrés avec un petit groupe et notre guide Julio de Greengo Tours, dans une mine appelait « la negra » (« la noire », originale!). Notre guide, bien qu’un peu grande gueule, a été lui-même mineur dans sa jeunesse et nous a très bien décrit le mode de vie des mineurs, leur manière de penser et leurs traditions. La vie quotidienne est particulièrement dure, ils travaillent entre 12 et 14 heures par jour, dans l’obscurité la plus complète et en respirant un air rare et sale. La température à l’intérieur de la mine atteint des extrêmes de chaud ou de froid selon la profondeur (en hiver c’est parfois complètement gelé) et ils mangent à peine, la coca servant de coupe-faim. (avec moi ça n’a pas trop marché, je suis sortie de là affamée!) Je ne vous parle pas non plus de tous les dangers qui les entourent: explosions, fuite de gaz toxiques, éboulements… (vous comprenez pourquoi j’étais stressée?!)

Les mineurs n’ont pas de salaire fixe, ils sont payés au poids des minéraux qu’ils trouvent. Leur espérance de vie ne dépasse pas les 45 ans…

Dans la mine nous sommes allés voir la statue d’un Dieu particulier qu’ils adorent. Le « Tio », Dieu de l’inframonde, des ténèbres, que les Espagnols identifiaient à l’époque au diable. Les mineurs ont leur propre religion qui mélange la religion catholique avec les croyances précolombiennes. Aujourd’hui, le « Tio » est bien considéré comme le diable, mais après tout, si dans les profondeurs des ténèbres celui qui règne c’est le diable, c’est donc lui qu’il faut vénérer et à qui il faut faire des offrandes pour augmenter la production et recevoir sa protection. En plus, comme c’est le diable, et bien il accepte parfaitement que l’on fume, boive et mastique de la coca 😉 C’est donc régulièrement qu’ils se réunissent autour de sa statue au fond de la mine afin de demander sa protection en buvant de l’alcool à 90°, fumant et mastiquant!!

Nous sommes restés près de 3 heures à l’intérieur de la mine, et sans descendre très profond et en restant dans les artères principales on a pu sentir la chaleur de l’intéieur et l’air immobile quqi ne rafrapichit rien, l’humidités qui gèle les os, le tout dnas l’obscurité la plus complète… on se sent soudain nul et vulnérable… Ce fut une expérience unique (et bien courageuse de notre part) et on avait un grand sourire au moment de voir la lumière du jour depuis le fond du tunnel, encore courbé en deux dans l’étroitesse des boyaux. Apparement la coca a fonctionné avec victor et il se sentait plus fort… peut-être que moi aussi, mais alors dans mon état normal ça devait pas aller fort du tout! Les mineurs font ça chaque jour après être allé s’approvisonner au marché qui leur est réservé. Les vendeuses de coca ont d’ailleur sun permis spécial et une quantité limite à vendre par mois pour limiter le trafic de drogue.

Maintenant vous avez copris ce qu’était la casa de la moneda de Potosi?! c’est là qu’était fondu l’argent et ….d’où sortait la monnaie d’Europe!

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Sucre

La Recoleta, Sucre

La Recoleta, Sucre

Nous voilà arrivés à Sucre! la ville blanche, capitale du département de Chuquisaca et… de Bolivie! Même si personne ne le sait, Sucre est la capitale officielle, mais le gouvernement se trouve à La Paz.
Sucre s’appelait dans le temps Charcas, puis La Plata, aujourd’hui Sucre est le nom du général qui lutta pour l’indépendance des colonies américaines.

L’arrivée à Sucre n’a pas été des plus facile! ça a même était de la torture en venant de Samaipata! 12h de route non goudronnée avec des montées, des descentes, des virages à droite, des virages à gauche… dans un vieeeeuuuux bus, qu’ils n’avaient jamais dû laver! et en plus qui nous a coûté assez cher (bon ok, cher pour la Bolivie) à cause des fêtes de fin d’année. Mais le mieux c’est qu’on avait acheté des billets avec « la meilleure compagnie », et réservé des places à l’avant… bienvenue en Bolivie, on nous a mis dans le premier bus qui arrivait (ça les arrangeait bien), les deux seuls et pires sièges qui restaient, tout au fond!! ça a été 12h de tape-culs sans fin! Le bus était blindé, avec des enfants qui dormaient dans le couloir et même un gars s’était installé une petite couchette dans le coffre entre les valises!! (c’était peut être lui le mieux installé de tous!) Aller faire une réclamation par la suite est un doux rêve dans ce pays… (je vous laisse lire la partie de Victor un peu plus enflammée!)

AH oui, et je nous ai sauvé la vie en demandant à faire une pause pipi, car ils en ont profité pour revisser quelques roues qui menaçaient de se faire la malle…! ça a pris plus d’une heure et nous a valu d’autres pauses durant le trajet… ils sont sympas ils pensent à notre sécurité!

Nan mais à part le trajet, Sucre c’est très joli! le centre est plein de maisons coloniales blanches, des églises et de petites arcades par ci par là, le rythme est tranquille et le trafic est supportable! Il fait un doux climat, pas trop chaud, pas de pluie, la ville est assez propre. Il y a un super grand marché, un grand parc (avec des représentations de l’arc de triomphe et de la tour Eiffel, si si!!) et le quartier historique de la Recoletta avec ses ruelles et son mirador. La Recoletta fut le premier centre de Sucre, où les gens venaient vivre après avoir fait fortune à Potosi avec ses mines d’argent. Le climat y est plus agréable et on peut y cultiver autre chose que de la patate!

Il y a un musée du textile intéressant où on vous présente les techniques des Tarabuco et des Jalika. Les Tarabuco ont réussi à repousser les Esapgnols avant les mouvements indépendantistes et leurs chapeaux traditionnels ressemblent fortement aux casques des colons! Il y a un autre musée (gratuit) sur le folklore avec une très belle collection de masques traditionnels de Bolivie!

Nous avons passé 4 jours à Sucre, en logeant chez Mario. C’était très basique (un matelas par terre et un bidon d’eau à verser dans les toilettes) mais c’était très charmant! Mario est architecte et recycle toutes sortes de choses, fabrique les murs avec des bouteilles en verre (très bon isolant) et a un tas d’installations pour recycler l’eau de pluie, purifier l’eau de la douche, réutiliser l’eau de la lessive (et on en a lavé des habits après notre trajet en bus tout crado!!). Nos compagnons étaient très sympas et l’endroit est pas cher du tout! (l’équivalent de 2 € la nuit, qui dit mieux??)

C’est donc chez Mario que nous avons fêté le nouvel an! Accompagnés de Eli et Sara, espagnoles, Guadalupe d’Argentine et Moise, chilien vivant en Argentine. Tous artistes, la guitare et les chants ont animé la soirée autour d’un bon barbec dans le jardin de l’hostel. On a même trouvé vin pas mauvais et Mario nous a sorti la bouteille de cidre (en guise de champagne). Après minuit on a décidé d’aller sur la place centrale voir ce qui s’y passait. Il y des concerts et plein de gens… mais deux groupes ont fini par se battre à coup de bouteilles en verre et on a filé rapidement!
A Sucre on s’est encore reposé, comme à Samaipata, et il y a de la bonne nourriture 🙂 surtout des chorizos qui ont plu a Victor mais qui m’ont laissé plus sceptique…!

Y llegamos a la « ciudad blanca », capital del departamento de Chuquisaca y de la misma Bolivia, Sucre, antiguamente llamada Charcas, y La Plata, que actualmente recibe el nombre del famoso general que luchó por la independencia de las colonias americanas.

Llegar a Sucre desde Samaipata ha sido una tortura. La carretera está llena de curvas, subidas y bajadas, muchos tramos que son sin asfaltar, y el bus era una absoluta mierda que no habían limpiado en años, y encima caro. Nos tomaron el pelo al vendernos los billetes, que además eran caros (para Bolivia), aunque hay que decir que los bolivianos pagaron lo mismo que nosotros, sólo se aprovecharon por ser fechas navideñas. Además nos dieron los asientos de atrás, que se mueven más, en lugar de los de delante que supuestamente habíamos reservado y pagado con la compañía Suarez, supuestamente más fiable. No viajamos con la compañía con la que habíamos contratado, sino con otra. Así que andaros con ojo con los del restaurante « El nuevo Turista », aunque son los únicos que venden billetes a Sucre en Samaipata, así que hacen lo que les da la gana, como muchos de los desvergonzados transportistas de este país. Para rizar el rizo, vendieron más billetes que asientos, con lo que una mujer y unos niños iban durmiendo en el suelo, uno de la compañía iba durmiendo en el maletero para poder vender un billete más, y a las 2 de la mañana nos hicieron bajar del bus para una reparación de una rueda! La compañía también evitadla si podéis, tiene oficinas en las terminales de Sucre y Santa Cruz, y se llama Francisco o San Francisco. Son deshonestos, terriblemente sucios, y tú, tu limpieza, y tu seguridad se la sudáis mucho. Hablando con bolivianos, siempre achacan estos inconvenientes a la falta de educación. Puede ser en parte verdad. Esto también explicaría el poco cuidado con la naturaleza.

Para más inri, en contacto personal con algunos de los lectores de este blog, ya os dije que, pese a estar disfrutando mucho el viaje, estaba hasta las pelotas de este aspecto de Bolivia, con lo cual este episodio no hace sino confirmarme las sospechas que tenía. No es un problema de trato con extranjeros, es que los bolivianos, quizás resignados, ni protestan ya por estos abusos que también hacen con ellos. A ver si alguien hace algo por cambiarlo y meter mano en ello o el turismo tardará en dejar dinero en este país… Porque lo peor realmente es que a veces apenas tienes elección. Nosotros al menos esta vez no tuvimos. Y es una auténtica MIERDA con mayúsculas. Un puto chiste. Se nota que estoy harto de esta falta de ética, no? 🙂

Como de costumbre ya casi desde que llegamos a Bolivia, el trayecto está lleno de inconvenientes, pero el destino merece la pena. Sucre es una ciudad genial, con un centro precioso lleno de casas coloniales blancas, iglesias, arcadas, bastante limpia, segura, y con un ritmo muy agradable, sin tráfico agobiante, y con un clima muy agradable. Todo el casco histórico está bien conservado, tiene un mercado con bastante variedad de productos, un parque bien cuidado, y una zona con un encanto más especial si cabe, la Recoleta, donde hay pequeñas callejuelas, y un mirador entre arcadas, con bonitas vistas de la ciudad. Es allí donde se fundó la ciudad española con el nombre de La Plata. Sucre tomó relevancia cuando se descubrieron las minas de Potosí. Esto explica el nombre de La Plata (y también el de el Río de La Plata). Básicamente la gente quería hacer riqueza en Potosí y vivir en Sucre, puesto que era un lugar mucho más agradable por el clima, y que permitía cultivar algo más que patatas.

Aparte, en el centro visitamos un par de museos interesantes. En primer lugar uno que explica tradiciones de dos pueblos indígenas de los alrededores de Sucre: los Tarabuco y los Jallka. Ambos producen textiles bastante interesantes, y hablan quechua, además de tener unas tradiciones bastante peculiares. Como curiosidad, los Tarabuco consiguieron derrotar a los españoles antes de los movimientos independentistas. El otro museo, el MAFE, sobre folklore, es algo similar en parte, con su exposición sobre los pueblos Urus, pero nos sorprendió con una exposición guapísima sobre máscaras tradicionales bolivianas!

Hemos pasado cuatro días en Sucre, en el alojamiento de Mario. Muy muy básico, pero con encanto y hecho con cierta inteligencia (sobre todo en el uso del agua, reciclando en el inodoro el agua de fregar los platos o la ropa), en el fondo era un lugar donde descansar sin ruidos, desayunar con bonitas vistas, poder lavar nuestra ropa (que el bus de mierda había dejado llena de mierda), y conversar con otros viajeros o mismamente con Mario, un señor muy simpático. Además era un sitio muy barato!

Y fue con Mario y con estos viajeros con quienes celebramos la nochevieja! Eli y Sara, españolas, Guadalupe de Argentina, y Moisés, chileno afincado en Argentina. Nos hicimos una parrillada en el patio del hostel, y nos sentamos a la mesa con cerveza, vino, sidra, y la guitarra de Guadalupe! Lo pasamos bien allí, y luego nos fuimos a la plaza central a bailar un poquito, que tenían montado un espectáculo de música en vivo. Al final la cosa se jodió un poco porque hubo una pelea de dos bandas de chavales jóvenes y se liaron a botellazos, así que la gente, y nosotros entre ellos, salió de allí para evitar riesgos, y la fiesta se acabó.

En el fondo, en Sucre, a pesar de ser la capital del país, tuvimos un ritmo similar a Samaipata. Es una ciudad muy relajada y en la que apetece quedarse un ratito para relajarse de las peleas del viajero por estos lares. Ah! Y hacen buenos chorizos chuquisaqueños, aunque a Hélo no le gustaron tanto!

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Samaipata

Vista desde El Fuerte de Samaipata

La vue en montant au fort

Samaipata signifie en quechua « le repos dans les altitudes », ça ne pouvait pas être un meilleur nom! Nous sommes arrivés après un trajet de 10h entre Cochabamba et Santa Cruz de la sierra (qui n’est plus du tout dans la sierra) puis 3h de taxi jusqu’à Samaipata. Santa Cruz est la ville la plus riche de Bolivie, grâce au pétrole et au gaz de la région, mais peut être aussi grâce au trafic de coca? bref, ça ne se dit pas, mais comme il n’y a pas grand chose à y voir (de ce qu’on nous a dit) on décide de tracer tout droit vers Samaipata, qui se trouve au pied de la Sierra, au milieu d’une végétation encore très tropicale.

A notre arrivée, on a put observer plein d’oiseaux, et des papillons blancs qui volaient comme des flocons de niege sur la route, c’était très beau! En plus, il fait beaucoup moins chaud à Samaipata qu’à Santa Cruz.

Enfin nous sommes arrivés chez Gerlinde, la maman de Patrick, un copain de Munich, sans qui nous n’aurions jamais connu ce petit coin de paradis! Nous avons donc logé au fond de la cour, dans le kindergarten, dans la salle des clowns plus précisément, sous une tente (il y a beaucoup de moustiques) que nous ont prêté nos voisins Mikel et Sua :-))

C’est aussi là que nous avons passé Noël, en dînant avec Mikel et Sua et en goutant un très bon vin de fraise que fabrique un des voisins, jako, un fils de Palestiniens émigrés en Bolivie ayant vécu à Cochabamba et qui fabrique toutes sortes de vins et liqueurs. Alors que j’allais me coucher, Victor a continué la fiesta et s’est retrouvé à jouer de la musique et à chanter des chants traditionnels avec un groupe de hippies, accompagnés de guitarre, charango et caisse en bois! C’était un Noël particulier mais amusant 🙂

Le climat de Samaipata est presque parfait (sauf quand on se prend un orage de grêle, mais c’est rare!) et le village vit au rythme méditerranéen, farniente. Le soleil brille tous les jours et la température est tout juste bonne pour donner envie d’aller prendre un bain dans les cascades d’à côté… ce que nous fîmes bien sûr, accompagnés d’Angie, une française de passage aussi. « Las cuevas » sont un petit coin de paradis 🙂

Samaipata est également reconnu patrimoine de l’Humanité par l’Unesco, pour son fort, qui est en réalité une énorme roche dans laquelle sont sculptés des motifs datant des cultures préincas et servant à des rituels. Plus tard les Incas et ensuite les Espagnols s’y installèrent en raison de sa position stratégique. Le site présente ainsi les ruines de trois cultures différentes! Et en plus, avec des indications pour les touristes 🙂

Le village de Samaipata est bien particulier… en effet il y a une vingtaine d’années, est venue s’installer là une vague d’étrangers, composée en majorité d’allemands. Plus ou moins hippies, ils en ont fait un village atypique, tout en y mettant un peu d’ordre 😉 Le village compte un nombre certains de bars, hostels, centres culturels, boutiques d’artisanat, très bien montés et super jolis! Les maisons sont bien entretenues, il y a de la couleur et même des belles ornementations picturales sur les murs… très original pour la Bolivie! Bon, si on y regarde de plus près, on trouve bien un ou deux qui jettent leur poubelle par la fenêtre, brûlent tous leurs déchets le dimanche etc… Mais dernièrement les étrangers qui viennent s’installer là sont de plus en plus hippies (un peu plus extrémistes) et la tension monte dans le village… Cela le voyageurs ne pourra pas le remarquer à première vue, mais comme on a fréquenté les gens du cru on a pu constaté les petits conflits de voisinage… Bref, c’est comme partout, même cet endroit qui a l’air d’un petit coin de paradis sur terre ne fait pas exception!

Mais nous nous sommes contentés de garder le meilleur et de nous concentrer sur la partie paradisiaque du lieu 🙂 au lieu d’y rester 3 jours nous y sommes restés une semaine et ce fut enfin nos vacances pendant le voyage! On a bien dormi, déjeuné au soleil, on s’est promené en claquettes, parlé avec tout le village, goûté du « bon » vin, manquait plus que le fromage!

Arriver (et partir) de Samaipata c’est une aventure, mais ça vaut la peine!

Samaipata, del quechua « descanso en las alturas », no podía tener un nombre más clarificador. Llegamos aquí tras un largo trayecto de Cochabamba a Santa Cruz (10 horas de bus) y de ahí otras 3 hasta Samaipata. Santa Cruz es la ciudad más rica de Bolivia, pero también la más conflictiva y aparentemente no tiene mucho para ver, así que decidimos saltárnosla, a pesar de que está rodeada de selva y hay excursiones muy interesantes para hacer. Además, se llama Santa Cruz de la Sierra, pero está ya fuera de los Andes, en plena llanura y a poca altura, así que la castigamos por mentirosa :p A la salida vimos un montón de fincas preciosas con sus casonas en mitad de la selva, y al cabo de una hora ya llegamos de nuevo al pie de la sierra y comenzamos a subir hacia Samaipata.
Una de las cosas buenas es que escapamos del calor asfixiante de Santa Cruz. Otra, los paisajes en la sierra se vuelven preciosos, con montañas envueltas en verde. Llegamos a Samaipata y llegamos a donde nos acogen: la casa de Gerlinde, la mamá de nuestro amigo Patrick, de Munich! Nuestro alojamiento será una tienda de campaña que nos prestan nuestros vecinos Mikel y Sua, y que instalamos dentro de una guardería, más concretamente en el aula de « los payasitos » :))))

Además, fue aquí donde pasamos la Navidad, cenando con Mikel y Sua y probando un sorprendente vino de fresa que hace uno de los vecinos, Jako, Cochabambino hijo de palestinos emigrados a Bolivia, y que fabrica sus propios licores. Hélo se fue a la cama a eso de las 2 de la mañana, pero yo estaba animado y acabé en un bar de carretera con un grupo heterogéneo cantando canciones tradicionales de por aquí, con guitarra, charango y cajón! Una Navidad algo peculiar, pero divertida.

Samaipata tiene un clima casi perfecto y un ritmo casi más mediterráneo que andino. Casi todos los días brilla el sol y se llega a unos 30 grados, temperatura que da ganas de darse un bañito. Por la noche refresca un poco y se duerme más a gusto. Aunque también tiene su temporada de lluvias y un día nos pilló una pequeña granizada. Un día, junto con Angie, una francesa que conocimos allí, nos hicimos una excursión a unas cascadas cercanas, « las cuevas », donde nos pegamos un buen bañito… y ese día el clima sí nos respetó. Una verdadera gozada 🙂

Tiene un yacimiento arqueológico muy interesante (que es patrimonio de la humanidad, por cierto!), llamado « El Fuerte », aunque en realidad es una roca enorme tallada con diversos motivos por culturas preincas para uso ceremonial. Luego también fue un asentamiento inca, y posteriormente los españoles, en su línea, se cargaron una de las partes que se usaba como templo, poniendo una casa encima, que a la postre también fue abandonada. Así que es curioso ver en un mismo sitio, ruinas de al menos tres culturas. Como punto positivo, y a diferencia de la mayoría de sitios de este tipo en Perú, estaba todo bien indicado y señalizado. Por fin!

Una de sus cosas más particulares es el hecho de que hace unos 20 años hubo una oleada de gente extranjera que se estableció aquí, en su mayoría alemanes. Unos eran muy hippies, otros no tanto, pero dejaron su impronta en el pueblo, sobre todo una cierta sensación de orden. Para empezar, para un pueblo de ese tamaño, hay un considerablemente número de bares interesantes, hostales bonitos, centros culturales, y tiendas de artesanía.

Además es bonito, más o menos cuidado, y casi todas las casas están pintadas y tienen sus tejas !! Este sentido de la estética es « rara avis » en los Andes. Ahora bien, también tiene un toque boliviano, de vez en cuando, puedes ver a alguno de los locales haciendo guarradillas de las suyas, como tirar bolsas y botellas por la calle, aunque menos que en otros sitios. Últimamente ha habido una segunda oleada de extranjeros, mucho más hippie (con algún pasao que otro también jeje). Aunque no se palpa la tensión directamente y el pueblo parece pura paz, como nosotros estuvimos en contacto con gente que ha migrado allí y conversamos con ellos, pudimos enterarnos de muchas cosas, y al parecer a día de hoy existe una rivalidad fuerte entre « los que estaban » y « los que han venido ». Como todo lugar que parece un paraíso, detrás de la fascinación que causa la naturaleza del lugar, no se pueden evadir las fallas en el factor humano. Nada que yo no conozca bien de mi precioso pueblito, Guardamar :p

Así que hemos decidido concentrarnos en su faceta de paraíso, y en lugar de quedarnos aquí los 3 días que teníamos pensado, nos hemos quedado una semana entera y hemos cargado las pilas de lo lindo. A decir verdad, han sido nuestras vacaciones dentro del viaje! Hemos dormido bien y largo, hemos paseado tranquilamente con nuestras chanclas, hemos disfrutado los verdes paisajes, hemos comido rico, tomado nuestros vinos y cervecitas, y hemos tenido conversaciones interesantes con gente muy maja.

Llegar a Samaipata es complicado… pero vale la pena!

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Pardonnez-nous! – Perdonadnos!

Comme vous l’aurez compris, on n’arrive pas à être à jour!!! Mais on fait des efforts… 😉
Voici donc quelques articles finis, mais pour tenter de rattraper le retard, il en manque. Donc suite au chemin de l’Inca, il manquera Arequipa et la canyon du Colca, Puno et le lac Titicaca, Copacabana et l’île du soleil, La Paz et Cochabamba… ça en fait pas mal, mais on espère que ça viendra un jour! Mais notre connexion internet devrait aller en s’améliorant, ça va aider.
Nous sommes actuellement à Santiago au Chili, le voyage et les aventures continuent!!

Hola! Como ya os habréis dado cuenta, no estamos llevando el blog al día… pero eso no significa que no nos sigamos esforzando. El blog sigue en nuestra mente, y seguimos tomando las fotos pensando en cada artículo, pero viajar puede ser una ocupación a tiempo completo, y en Chile está siendo nuestro caso. En este momento estamos en Santiago, y tenemos unos artículos no escritos del pasado (coincidió básicamente con nuestra estancia en Bolivia, donde pillábamos internet por media hora y apenas teníamos tiempo de subir una o dos fotos, dado el ancho de banda…), que son: Arequipa, Cañón del Colca, Puno y lago Titicaca, Copacabana e islas del Sol y la Luna, La Paz, y Cochabamba. Nos vais a disculpad que nos saltemos estos artículos, que de todos modos vamos a escribir, y os adelantemos un poco nuestro recorrido, para que el blog esté más actualizado. Publicamos ahora una serie de artículos que ya estaban escritos pero estaban en lista de espera de los anteriores. Disfrutadlos y continuad siguiéndonos!!!

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Machu Picchu – Huyana Picchu

Panorámica de Machu Picchu

Y ahí se ve Machu Picchu desde la puerta del Sol! Vamos descendiendo desde el Intipunku por el camino del inca, y encontramos la última ruina antes de llegar a Machu Picchu: una gran roca ceremonial a modo de altar donde se realizaban sacrificios. Al más puro estilo inca: bien grandota. Además, según llegas, Machu Picchu aparenta la cabeza del inca mirando al cielo. Casualidad?

Descendemos un poco más y nos espera la caseta del guardián de la roca, desde donde se vigilaba el acceso a Machu Picchu, y… una llama! Momento Vickypedia: Pura atracción fototurística, porque aquí, apenas a 2400 msnm, las llamas no pueden sobrevivir, pues no encuentran su alimento: paja del páramo. De todos modos no podemos evitar hacernos la fotito de rigor con ella! Oficialmente, tras la llama ya es Machu Picchu :p

Como yacimiento arqueológico es espectacular: existen teorías que dicen que funcionaba a modo de universidad de los Incas, un lugar donde aprender oficios y estudiar. Y todo está calculado, al parecer. Ciertas partes que se iluminan con los solsticios y equinoccios, rocas pulidas hasta extremos de perfección inauditos… incluso un templo dedicado al cóndor, representante del cielo en la cosmovisión andina, que tiene un cóndor de roca de varios metros! Además hecho aprovechando la roca natural, cosa que los incas hacían muy bien! Otra de las cosas que nos impresiona, aunque ya lo habíamos visto en Pisac u Ollantaytambo, es que a cada par de pasos, hay una instalación de agua, ya sea una evacuación estilo zanja, o canales bajo el suelo que de repente reaparecen a la vista.
Pero para nuestra opinión, lo que se lleva la palma es su ubicación. Las vistas son infinitamente bellas. Y es INCREÍBLE dónde construyeron esto. Está en lo alto de todo, rodeado de montañas súper abruptas cubiertas de verde selvático. Las nubes se generan alrededor de los picos, y les dejan ver el sol a su capricho. Desde un punto más alto, se puede incluso observar cómo nacen las nubes al lado de los picos. Además, Machu Picchu es absolutamente invisible desde las partes bajas, lo que puso esta ciudad Inca a salvo de españoles y saqueadores durante tanto tiempo. Simplemente no sabían que estaba ahí!

Como colofón a nuestra caminata, nos decidimos a subir el Huayna Picchu. No sin dolor! No fuimos los únicos, Ewan, de EEUU, y Gorick, peruano se animan a subir también. Huayna Picchu Sobresale más de 200 m por encima de Machu Picchu. Y diréis que 200 metros no es tanto después de salvar desniveles de un km… pero en el Huayna sí lo son: es jodidísimamente empinado y traicionero. Con la humedad dicen que se vuelve bien peligroso… y tuvimos oportunidad de comprobarlo, porque se puso a llover cuando estábamos bien arriba ya! Por suerte se despejó rápido, se secó mucho, y pudimos bajar tranquilos. Eso sí. un brasileño que iba detrás de nosotros, casi no lo cuenta: se quedó agarrado a unas plantas y eso le salvó del ostión padre! Desde la cima. las vistas de Machu Picchu y del entorno, son simplemente lo mejor.

Otro momento Vickypedia: tres animales son simbólicos en la cosmovisión andina para cada uno de los niveles de existencia: el puma representa el mundo en que vivimos, el cóndor el cielo, y la serpiente el inframundo. Cuzco se hizo con forma de puma, en el primer día del camino del inca vimos unas terrazas que dibujaban una serpiente, y Machu Picchu era, según algunos, el cóndor. A ver si véis dicha forma en alguna de las fotos que tomamos desde el Huayna Picchu!

Fue una experiencia muy bonita, sobre todo llegando desde el camino Inca y siendo colofón al mismo. Visitar Machu Picchu es una gran idea, pero si además lo haces tras 4 días de caminata… la experiencia será redonda!

Depuis la fameuse puerta del sol on peut enfin voir le Machu Picchu! On commence donc à descendre, (il reste encore une bonne trotte…) et on peut encore voir une dernière ruine sur le chemin, une gigantesque pierre cérémoniale qui servait d’autel de sacrifices.

En continuant la descente on croise la cabane du gardien qui surveillait les entrées et sorties au Machu Picchu. Et bien entendu nous attendent les traditionnels lamas!! Mais… le saviez-vous?! Les lamas au Machu Picchu, c’est du pipeau!! Les lamas vivent à des altitudes beauocup plus élevées, le Machu Picchu se situent à environ 2 400m, alors que les lamas vivent normalement à plus de 3500!! La nourriture n’est donc pas adaptée pour eux et meurent de maladies très rapidement… attraction touristique…

On dit que le Machu Picchu servait de centre d’enseignement, une sorte de grande université où les élèves venaient de tout le royaume pour recevoir les grands savoirs comme la construction, la médecine etc. L’architecture du Machu Picchu est parfaitement calculée, un trou par ci par là, où entre le soleil à tel équinoxe, et reflète sur telle pierre à tel solstice… des années de calculs!Les pierres sont parfaitement polies et les murs extrêmement droits. Il y a même un temple du condor avec une gigantesque pierre que les incas ont à peine touché pour qu’elle prenne la forme de l’oiseau, incroyable! Et bien sûr, on retrouve partout les canalisations propres aux Incas avec des petites rigoles d’eau partout, ddes fontaines de purification etc.

Mais le mieux dans tout ça, c’est l’endroit de sa construction. Le Machu Picchu est entouré de pics très abrupts, couverts de végétation très dense. Les paysages sont incroyables et avec les nuages qui surplombent le tout ça prend un air magique. Et surtout le Machu Picchu est absolument invisible depuis en bas ce qui l’a sauvé des Espagnols et du pillage!

Pour couronner le tout, on a décidé de grimper en haut du Huayna Picchu, la montagne qui surplombe le Machu Picchu (si vous regardez bien la photo et que vous la tournez d’un quart vous pourrez voir le profil de l’Inca, et le Huayna Picchu représente le nez!) Comme dirait Victor, c’est un bon concombre! Ce sont 200 mètres de plus à monter… presque verticaux! On s’est motivés avec Ewan et Jessica des USA et Gorick le péruvien. On était tellement excités qu’on est montés d’un trait en doublant tout le monde! On était à fond! La descente a été un peu plus difficile (toujours ces sacrées marches incas) mais en plus il s’est mis à pleuvoir quand nous étions au sommet, et c’est devenu assez dangereux. D’ailleurs un brésilien a glissé derrière nous et a dû s’accrocher aux branches d’un arbre pour ne pas finir dans le précipice…!

Si vous regardez bien la photo prise depuis le Huayna Picchu, vous pouvez voir la forme d’un condor… Dans la cosmovision andine il existe trois niveaux d’existences: le puma représentant le monde dans lequel nous vivons, le condor le ciel, et le serpent l’inframonde. Si vous suivez toujours, Cusco fut construite selon la forme du puma, les terrasses incas que l’on voit tout le long du chemin sont le serpent, et enfin Machu PIcchu le condor! Regardez bien la photo!

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